Acabo de terminar este libro con la sensación de haberlo vivido más que de haberlo leído. En lugar de ofrecer una perspectiva académica llena de estadísticas y tecnicismos, Mónica Sánchez nos ofrece estas treinta cartas que escribe a China, la “dama sin hogar” que la guió por las calles de Madrid.
Los neófitos como yo, nos preguntamos inocentemente por qué se hace necesario estudiar y tratar el caso de las mujeres sin hogar como un caso particular, por qué es conveniente y hasta necesario incluir también aquí la perspectiva de género. La respuesta es sencilla. A modo de bosquejo extraigo un párrafo de una de las cartas que creo que lo aclara:
Es importante ver que sí hay alojamiento para mujeres con problemáticas concretas: mujeres maltratadas, madres sin recursos con hijos, mujeres que ejercen la prostitución, etcétera. El problema, a la hora de resolver el tema de alojamiento, es cuando confluyen en la misma persona distintas problemáticas y, al final, se considera a esa persona un sin hogar.
Una de las ideas que más se repiten cuando hablas con gente que vive en la calle, o que trabaja con gente que vive en la calle, es que una de las mayores dificultades que hay que superar cuando se vive sin hogar es el estigma de ser un sin hogar. La etiqueta, la categorización, la manía de poner nombre a las cosas para sentirnos más cómodos, el error de ver a una persona como miembro de un grupo antes que como una persona.








Autor(a): Mónica Sánchez
