La ley Sinde es un proyecto de ley que presuntamente pretende defender los derechos de propiedad intelectual en la red. Tal y como está siendo defendida en este momento -actualmente está a la espera de pasar por el Senado- permite que una Comisión perteneciente al Ministerio de Cultura decida el cierre de una web. Tarea que, hasta ahora, era una decisión que sólo un juez podía tomar.
- Cuando Ayaan Hirsi Ali empezó a molestar demasiado, alguien aprovechó para interpretar alguna ley que no fue diseñada para expulsar diputadas y retirarles la nacionalidad holandesa pero que, en un momento dado, lo permitía. El pecado de Hirsi Ali había sido escribir, en su solicitud de asilo, 1967 en lugar de 1969 en su fecha de nacimiento y cambiar su apellido.
- Cuando Julian Assange empezó a molestar demasiado, alguien aprovechó para interpretar alguna ley que no fue diseñada para cerrar cuentas bancarias pero que, en un momento dado, lo permitía. El pecado de Assange había sido escribir, al abrir su cuenta con PostFinance, la dirección de un amigo como lugar de residencia.
- Cuando Aminatu Haidar empezó a molestar demasiado, alguien aprovechó para interpretar alguna ley que no fue diseñada para denegar la entrada a una persona pero que, en un momento dado, lo permitía. El pecado de Haidar había sido escribir, al realizar trámites en la aduana, que su nacionalidad era saharaui en lugar de marroquí.
No dudo de la buena intención de nuestro amigo Álex de la Iglesia, o de nuestra amiga Ángelez González-Sinde, cuando afirman que la ley no está siendo diseñada para cerrar webs o blogs personales a cal y canto. Pero esta ley, en un momento dado, lo permite. Si en algún momento empezamos a molestar demasiado a través de nuestro blog, bastará con que encuentren un sólo enlace a material protegido para que nos cierren el chiringuito.









