
Ayer, en Denver, Barack Obama, candidato por el partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de América, pronunció un discurso del que recojo a continuación algunos fragmentos. Aunque no reafirmo cada palabra suya sí que apoyo sin dudarlo su candidatura frente a la de McCain. Basta echar un vistazo a su discurso para apreciar que las diferencias son notables no sólo respecto a su adversario actual, también lo son respecto a muchos anteriores presidentes de los Estados Unidos, si no todos.
Me gustó: que se atreviera, aún manteniendo su vocación liberal, a cuestionar la sacralidad de la lógica de los mercados.
“Ahora bien, no creo que al Senador McCain no le importe lo que está pasando en las vidas de los estadounidenses. Creo que simplemente no lo sabe. ¿Por qué otro motivo habría identificado entonces a la clase media como alguien que gana menos de 5 millones de dólares al año? ¿Por qué si no habría propuesto cientos de miles de millones de dólares para exenciones fiscales para las grandes empresas y compañías petrolíferas, pero ni un sólo penique de beneficios fiscales para los más de 100 millones de ciudadanos estadounidenses? ¿Cómo si no podría ofrecer un plan de atención sanitaria que en realidad fiscalizaría los beneficios de los ciudadanos, o un plan de educación que no ayudaría en forma alguna a las familias a pagar los colegios, o un plan para la privatización de la Seguridad Social que pondría en riesgo vuestra jubilación?
No es porque a John McCain no le importe. Es por que a John McCain se le escapa.
Durante más de dos décadas se ha mantenido fiel a la trasnochada y desacreditada filosofía republicana: dar más y más a aquellos que más tienen y esperar a que la prosperidad impregne a todos los demás. En Washington, a esto lo llaman la Sociedad de la Propiedad, pero lo que significa en realidad es que estamos solos. ¿En paro? Mala suerte. ¿Sin atención sanitaria? El mercado se ocupará de ello. ¿Nacido en la pobreza? Defiéndete con uñas y dientes, aunque te quedes sin ambos. Estás solo.
Ya es hora de que reconozcan su error. Ya es hora de que cambiemos Estados Unidos.”
Me gustó: que se mostrase seguro al hablar sobre el necesario equilibrio entre libertades y derechos básicos, tratando el asunto, de hecho, como la base de su promesa electoral.
“¿Cuál es esa promesa?
Es una promesa que dice que cada uno de nosotros es libre para llevar la vida que quiera, pero que también tenemos la obligación de tratar a los demás con dignidad y respeto.
Es una promesa que dice que el mercado debería recompensar la iniciativa y la innovación y generar crecimiento, pero que las empresas deberían estar a la altura de sus responsabilidades para crear puestos de trabajo para los estadounidenses, cuidar a sus trabajadores estadounidenses y respetar las reglas del juego.
La nuestra es una promesa que dice que el Gobierno no puede resolver todos nuestros problemas, pero que debería hacer aquello que nosotros no podemos por nosotros mismos: protegernos ante el daño y ofrecer a cada niño una educación decente, mantener el agua limpia y los juguetes seguros, invertir en nuevas escuelas y nuevas carreteras y en la innovación científica y tecnológica.”
Me gustó: que hiciese una propuesta clara y realista en materia energética. En España, la nuclearfobia habría hecho imposible que Zapatero pronunciase estas palabras. (Gran parte del mérito se lo debemos a Greenpeace.)
“Como Presidente, explotaré las reservas de gas natural de nuestro país, invertiré en tecnología de carbón limpio y buscaré formas para aprovechar la energía nuclear de forma segura. Ayudaré a nuestras empresas de automoción a renovar sus herramientas, para que los vehículos de combustible eficiente del futuro se fabriquen aquí, en Estados Unidos. Haré que los estadounidenses puedan permitirse comprar estos vehículos. Invertiré 150.000 millones de dólares en la próxima década en fuentes de energía renovables asequibles, energía eólica y energía solar y en la nueva generación de biocarburantes, una inversión que generará nuevas industrias y 5 millones de nuevos puestos de trabajo bien remunerados y que no podrán contratarse fuera.
Estados Unidos, no es momento para los pequeños planes.”
No me gustó: que para intentar responder a quienes cuestionan su patriotismo dejase asomar un dejo bélico que no va con el resto de su discurso. Retar disimuladamente a McCain a meterse en más guerras no me parece para nada inteligente. En este sentido ambos candidatos parece niños intentando demostrar quién es más valiente haciendo auténticas estupideces para ganarse el respeto de la audiencia. Creo que aquí Obama fue incoherente con el resto de su discurso.
“Cuando John McCain dijo que en Afganistán podríamos “arreglárnoslas”, solicité más recursos y más tropas para terminar la lucha contra los terroristas que nos atacaron el 11 de septiembre, y dejé claro que debemos capturar a Osama Bin Laden y a sus lugartenientes cuando los encontremos. A John McCain le gusta afirmar que seguirá a Bin Laden hasta las mismas puertas del Infierno – pero ni siquiera está dispuesto a ir a la cueva en la que vive.”
Me gustó: que se mostrase valiente pero cauto en temas sociales polémicos como la posesión de armas en manos de civiles, los derechos de parejas homosexuales y los derechos de la población inmigrante en situación ilegal. Cierto es que sus comentarios a este respecto no fueron tan progresistas como otras partes de su discurso pero también es cierto que en este momento debe ser cuidadoso y no desatar ciertas polémicas que le harían perder votos. Creo que en el siguiente fragmento fue muy asertivo.
“[...] que no me digan que no podemos respetar la Segunda Enmienda y a la vez evitar que un AK-47 llegue a manos de los criminales. Soy consciente de que existen diferencias de opinión en cuanto a los matrimonios entre personas del mismo sexo, pero estoy seguro de que podemos estar de acuerdo en que nuestros hermanos gays y nuestras hermanas lesbianas tienen derecho a visitar a la persona que aman en el hospital y a vivir una vida libre de discriminación. Si se trata de inmigración, el debate es apasionado, pero no conozco a nadie que resulte beneficiado cuando se separa a una madre de su bebé o a cuando un empresario recorta costes salariales contratando a trabajadores ilegales.”
No me gustó: que metiese a la Biblia -y con ella al cristianismo- en un fregado que no le compete. Creo que no era necesario terminar el discurso excluyendo a ateos, agnósticos, hindúes, budistas y un largo etcétera.
“Mantengamos esa promesa – esa promesa de Estados Unidos – y, como dicen las Escrituras, aferrarnos firmemente, sin flaquear, a la esperanza que confesamos.
Gracias, que Dios os bendiga, y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.”
El discurso completo de Barack Obama lo encontré en la Web de Elena Valenciano.
La fotografía ha sido publicada en flickr por Wa-J’s bajo una de las licencias de Creative Commons.









2 respuestas ↓
1 amigo de una piedra
// sep 4, 2008 at 12:19 am
Las promesas sólo se pueden sustentar con palabras. El día que el ser humano pueda hacer promesas sin palabras, ¿le sabrán a huevos las salchichas?. No sé, es una pregunta muy difícil …
2 Carlos Capote
// sep 4, 2008 at 2:18 pm
amigo de una piedra,
De hecho, según se comenta Barack Obama es humano. A parte de eso, me dejas sin palabras.
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