Según AmnistÃa Internacional, “cada minuto cuatro niñas son vÃctimas en el mundo de la mutilación total o parcial de sus genitales”. No hay lugar a relativismos morales cuando las vÃctimas, de entre cuatro y diez años, ascienden a dos millones al año; una niña cada quince segundos. Ayaan Hirsi Ali fue forzada a la ablación por su abuela. Su hermana, que sufrÃa ataques psicóticos, llegó a ser atada y golpeada sin recibir nunca tratamiento porque su familia creÃa que habÃa sido embrujada. Ayaan también fue forzada a casarse con un primo suyo al que no conocÃa. Un dÃa pensó que quizá las relaciones con Dios no debÃan basarse en el miedo y que Muhammad (Mahoma) podrÃa no ser infalible: “me llevaron ante los tribunales para prohibirme ser crÃtica con la fe en la que habÃa nacido”. Hubo incluso quien decÃa que merecÃa la muerte.
Ayaan Hirsi Ali ha sido, hasta hace poco, diputada del parlamento holandés. Cuando llegó a Holanda falsificó algunos datos en su solicitud de asilo; algo que, tiempo después, la oposición ha utilizado para hacerle perder su nacionalidad holandesa y, con ella, su cargo de diputada.
Es un personaje controvertido como pocos. Muchos la acusan de islamófoba y ella se defiende argumentando que “la crÃtica al Islam no implica un rechazo de sus creyentes, sino sólo de aquellos conceptos que, convertidos en actos reales, pueden tener consecuencias inhumanas”.
Pese a que las obras de Ayaan puedan ser utilizadas o, al menos, bien recibidas por los islamófobos (ávidos de cualquier material crÃtico con el Islam), la autora tiene claro que su libro no va dirigido a ellos. Más bien, va dirigido a quienes se enfrentan al dilema de: “¿cómo pueden por un lado conservar una sociedad abierta, tolerante y basada en los derechos, combatir la extrema derecha y la intolerancia religiosa, y por otro lado ayudar a los musulmanes en su proceso de Ilustración?”.
Yo acuso es un libro de mil caras. En él, Hirsi Ali nos ofrece desde relatos autobiográficos hasta enfoques polÃticos (controvertidos, eso sÃ) para combatir la ablación pasando por una carta dirigida a las musulmanas que se sientan oprimidas en sus entornos y sientan la necesidad de huir. (Les da consejos sobre cómo hacerlo.)
Considero lÃcito no compartir determinadas ideas con la autora. (Partidaria de la prohibición del velo en las aulas que acusó de cobardes a algunos periódicos que no publicaron las famosas “viñetas de Mahoma”.) Sin embargo, he de decir que después de leer su obra, más que islamófoba, la considero clarividente.










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