Trabajar por la justicia y la solidaridad no siempre está bien visto. Un ejemplo es el de los animalistas, quienes suelen recibir burlas como remuneración por la actividad que ejercen. Es rara la ocasión en que alguna de esas burlas se basa en un argumento debidamente razonado y son pocas las crÃticas constructivas a las que se enfrentan. Pero no todo son malas intenciones. Las crÃticas burlescas y desacertadas a las que se suele enfrentar la filosofÃa animalista se basan, por lo general, más que en la mala fe, en el desconocimiento. La mayor parte de estos ataques responden a lo que algunas personas (poco documentadas) creen que es el animalismo, no al animalismo en sÃ.
Este trabajo de Kepa Tamames, cofundador de la Asociación para un Trato Ético a los Animales (ATEA), es un excelente argumentario animalista. Kepa recoge más de 100 de los argumentos -o quizá deberÃa decir pseudoargumentos- a los que se enfrentan los animalistas a diario. Un ejemplo de estos pseudoargumentos que me parece especialmente interesante es el que aparece en séptimo lugar. Dice asÃ: “Pretender conceder a los animales los mismos derechos que a los seres humanos es un absurdo propio de personas obsesivas y desequilibradas“. Ésta es una idea preconcebida y ridÃcula porque, que se sepa, ningún animalista que se precie defiende una postura tan excéntrica. Los derechos para los animales que los animalistas quieren ver reconocidos distan mucho de los derechos de los que disfrutamos (o deberÃamos de poder disfrutar) los humanos. Kepa lo deja bastante claro en pocas palabras: “Cuando los animalistas recurrimos a términos como «derechos para los animales» no nos referimos a derechos que para ellos no tengan sentido práctico (como podrÃa ser el derecho a la educación gratuita o a un mes de vacaciones al año), sino a algo que sà les afecta directamente, como el derecho a ser bien tratados, o dicho de otra forma, el derecho a la integridad fÃsica y emocional“.
A quien ha defendido alguna vez los derechos de los animales seguro que le han pedido que se dedique a causas más importantes. Es común que se acuse a los animalistas de defender a los animales cuando hay gente que lo está pasando terriblemente mal. Puedo atestiguar que, de hecho, este tipo de acusaciones también son bastante frecuentes en otros ámbitos. En varias ocasiones he sido acusado de colaborar con ONGs que trabajan para paÃses pobres cuando en España también hay pobreza. A este respecto diré dos cosas. La primera es que este tipo de crÃticas -si es que a esto se le puede llamar crÃtica- nunca me las han dirigido personas sensibilizadas y comprometidas con la lucha contra la pobreza en España. Más bien, han sido personas a quienes les traÃa sin cuidado la pobreza (en España y en el resto del mundo). La segunda es que hay que carecer de sentido común para creer que unas causas solidarias contradicen otras. La ética, en la práctica, rara vez obliga a escoger. Por lo general, en cuanto inicias un proyecto solidario te ves implicado en otro. Quienes acusan a los animalistas de luchar por una causa habiendo otras causas más importantes (habrÃa que ver bajo qué criterio) obvian un aspecto fundamental de la lógica animalista: que el animalismo también incluye en sus premisas la defensa de los derechos humanos.
No voy a negar que en algunos puntos no he coincidido con los argumentos del autor pero ha sido en muy pocas ocasiones (teniendo en cuenta que el libro es de unas 550 páginas) y creo que no merece la pena recordarlas ahora. Lo único que sà quisiera comentar es que he echado de menos una exposición de las razones por las que los animalistas consideran que en determinados aspectos los animales tienen la capacidad de vivir un gran rango de sensaciones con la misma (y quizá, en ocasiones, mayor) intensidad que nosotros. Creo que se podrÃan haber dedicado algunos párrafos a hablar sobre neurologÃa moderna. Después de todo, a dÃa de hoy, aunque aún nos quede mucho por saber sobre éste sistema, sabemos lo suficiente como para que no quepa lugar a dudas: los animales sienten.
Probablemente el lenguaje claro, directo y ameno que utiliza Kepa a lo largo de toda la obra nos distraiga y haga pensar que se trata de un libro más simple de lo que en realidad es. A mi parecer éste es un ensayo filosófico de gran importancia que presenta un revolucionario y fundamental argumento que todo el mundo deberÃa conocer. ¡Más Kepa y menos Descartes!
Por último, son muy de agradecer las aportaciones que más de 140 personas han realizado para completar la obra. Músicos, actores, directores de cine, escritores, filósofos y otras personas han escrito frases expresamente para la ocasión. Cerraré este comentario con (a modo de ejemplo) una de las frases que cierra el libro: “Cuando se enteró de que el Hombre descendÃa de él, el Mono lloró toda la tarde” - Pepe Molleda, pintor y humorista gráfico.










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