No tengo ni la menor idea de quién es el autor de este libro. Sé que se llama Harry G. Frankfurt, eso sí. Y que antes de este libro, entre otras cosas, escribió un ensayo sobre la manipulación de la verdad. Por lo visto el ensayo se convirtió en un best seller y este librito es la continuación. ¿Que por qué digo librito? Porque se trata de un libro pequeño de 125 páginas y unas 140 palabras por página. Puntualizo una cosa: ¡no creo que sea malo un libro por ser pequeño, más bien al contrario! Ser simple es un arte. En este caso, el autor ha compactado su argumento lo justo para hacerlo comprensible sin perder rigor.
En dos cosas me ha parecido ejemplar este ejemplar. La primera es el tamaño. Todos sabemos que lo bueno, si breve, dos veces bueno. (Aunque este refrán suena un poco diferente cuando sale en una conversación sobre eyaculación precoz.) La segunda es la simplicidad. El lenguaje es simple y eso es de agradecer. Por algún motivo que no alcanzo a comprender, sobre todo en filosofía, se tiende a utilizar un lenguaje complicado hasta límites absurdos (como dirían algunos, complicado hasta el paroxismo). Estos filósofos (yo los llamo filósofos de la escuela de los pedantes) prefieren “especular sobre la ontología tautológica deísta” a “pensar si Dios existe o no”. Es muy de agradecer que se escriban libros en un lenguaje claro: lo más claro posible.
Compré este libro porque trata sobre un tema que forma parte de un ensayo en el que estoy trabajando: los relativismos. ¿Y qué es un relativismo? Todos hemos escuchado alguna vez eso de: “todo es relativo”. Lo más curioso de esta afirmación es que es de tipo absoluto. Como dice Harry Frankfurt: “incluso quienes persisten en negar la realidad objetiva de la distinción entre verdadero y falso siguen afirmando (sin que, al parecer, ello les cause ningún rubor) que esta negación es una postura que verdaderamente sostienen“.
En tiempos de crispación política como los que corren (y no hablo sólo por España) es de agradecer que alguien denuncie la falta de compromiso con la verdad. Este librito no te cambia la vida. No creo que haya ganado un lugar en la historia de la filosofía. Ni siquiera es revelador. Pero se lee en menos de una hora. Es simple, sencillo y sobre todo: ¡lo que dice es verdad! ¿Cómo no iba a recomendarlo?











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