Bajo el subtÃtulo “Conversaciones con el Dalai Lama sobre la ciencia del cerebro y el budismo“, la obra recoge los diálogos que sostuvo el lÃder budista sobre mente y conciencia con algunos de los cientÃficos más prestigiosos de la materia. Entre ellos: Patricia Churchland, profesora de filosofÃa; Antonio Damasio, profesor de neurologÃa; Larry Squire, profesor de psiquiatrÃa; Allan Hobson, también profesor de psiquiatrÃa y Lewis Judd, por entonces director del Instituto Nacional de Salud Mental (EEUU).
Parte de las conversaciones se centraron en lo que se entiende por conciencia, asà como en las diferencias entre la concepción del “yo” entendida por el budismo y la concepción de la conciencia entendida por la ciencia occidental. Se hicieron crÃticas al dualismo (separación cuerpo-alma) que el Dalai Lama parecÃa compartir; sin embargo, en algunos asuntos no se llegó a un entendimiento mútuo.
Allan Hobson dijo en algún momento: “El vÃnculo esencial en lo que yo entiendo como principios budistas es que se concibe la conciencia tal como la interpretan los dualistas, como algo capaz de existir fuera de y, en cierto grado, independientemente del cerebro“. A esto, Alan Wallace respondió que el budismo “nunca ha albergado la noción de que nuestros procesos mentales del dÃa a dÃa existan independientemente del cuerpo” y criticó la incomprensión del concepto de conciencia budista por parte de los cientÃficos occidentales.
Puedo estar de acuerdo con Alan Wallace en que los cientÃficos occidentales no hayan llegado a comprender el concepto de conciencia budista pero creo que su crÃtica no es acertada y que él (y el Dalai Lama, a su vez) no comprendieron la razón por la que se relacionó el dualismo con el budismo. Al hablar de recuerdos, por ejemplo, la ciencia respalda la hipótesis de que todo recuerdo está, por decirlo de alguna manera, escrito en el cerebro. El budismo, en cambio, acepta la existencia de procesos de la conciencia independientes del cuerpo (estos procesos componen lo que ellos llaman “conciencia sutil”) y basa en esa creencia sus argumentos para defender la posibilidad de, en casos excepcionales, acceder a recuerdos de vidas anteriores.
Pero no todo fueron diferencias. En algunos asuntos, creo que básicos, se halló un concenso general. Como, por ejemplo, al hablar sobre la seguridad de las cosas que se decÃan. En un momento el Dalai Lama preguntó a Antonio Damasio si las afirmaciones que hacÃa respondÃan a un cien por cien de certeza, a lo que Damasio respondió: “son muy pocas las cosas sobre las que podamos establecer ese cien por cien de seguridad“. También el Dalai Lama hizo una afirmación parecida sobre la seguridad de los preceptos budistas al afirmar: “Yo soy un practicante, y por tanto me baso en mis propias y limitadas experiencias, y en las de mis amigos, sin que pueda afirmar con un cien por cien de certeza que existe una conciencia sutil“. Tanto cientÃficos como budistas dejaron claro en sus intervenciones que todo su trabajo se basa en hipótesis, de manera que hasta las más fundamentales de sus afirmaciones serÃan cambiadas a la luz de nuevas evidencias.
Éste es, quizá, un importantÃsimo documento en lo que se refiere al diálogo intercultural. Por cierto, no puedo evitar hacer una crÃtica que creo que es aplicable a casi todos los diálogos interculturales en los que he participado y de los que he tenido noticia (éste incluÃdo). Considero desacertado el diálogo en función de categorÃas (budismo, ciencia occidental etc.) donde cada participante (o grupo de participantes) pretende representar a una cultura. Creo que los diálogos interculturales deberÃan tener una mayor vocación subjetiva donde cada participante sólo se representa a sà mismo y, en cualquier caso, su visión de una cultura determinada. Siguiendo este razonamiento, éste no es un diálogo entre el budismo y la ciencia occidental porque el budismo y la ciencia son sólo categorÃas. Todo diálogo intercultural es, en realidad, un diálogo entre personas iguales que opinan diferente. Las culturas no hablan; las personas sÃ. Hablemos.









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