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La búsqueda de la realidad.- Barry Stroud

25 de February de 2007 · 8 comentarios

La búsqueda de la realidadAutor(a): Barry Stroud
Título: La búsqueda de la realidad
ISBN-10: 8497560906
ISBN-13: 978-8497560900
En una frase: "¿Por qué se origina precisamente en esas condiciones físicas una percepción de amarillo? [...] ¿por qué lo que se origina no es una percepción de rojo o de algo cúbico o de dolor o simplemente un pensamiento sobre la raíz cuadrada de menos dos?."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.

Barry Stroud dedica los dos primeros capítulos, que hacen más de 50 páginas, a presentar las teorías de John L. Mackie, Bernard Williams, J. J. C. Smart y otros filósofos. Todos ellos defienden teorías relativamente similares a la teoría de las cualidades de John Locke. Él decía que los cuerpos tienen “cualidades primarias” y “cualidades secundarias”. Respecto a los colores, por ejemplo, decía que eran “cualidades secundarias”. Respecto al tamaño y forma, en cambio, decía que eran “cualidades primarias”.

Según estos filósofos, las “cualidades secundarias” son antropocéntricas y forman parte de cómo vemos el mundo pero no deben formar parte de una concepción del mundo independiente de cómo lo vemos. En resumidas cuentas, podríamos decir que las “cualidades primarias” son las únicas realmente inherentes a los objetos. Las “secundarias” las ponemos nosotros. Dada la visión que proponen estos filósofos, en una visión “absoluta” de la realidad, es decir, en una visión que no dependa de cómo vemos el mundo, no existen los colores.

Puedo estar de acuerdo en que una visión del mundo descrita en términos puramente físicos hablaría, quizá, de luz y longitudes de onda. Puedo estar de acuerdo en que los colores aparecerían sólo en el momento en que introdujésemos en nuestro esquema seres capaces de percibir dicha luz. Según yo lo entiendo, los colores serían algo así como la sensación que produce la percepción de luz en seres capaces de percibirla de una determinada manera. Es evidente que dicha sensación no sólo depende del perceptor: ¡también depende de las características del objeto!

Mi teoría no es necesariamente dependiente de la forma en que vemos el mundo. Baso esta idea en el excéntrico argumento de que es posible la existencia de un ser inteligente, no-humano y sin visión, con la capacidad de deducir que en presencia de luz, los humanos y otros animales, sufrimos algún tipo de sensación a la que podemos reaccionar. La visión del mundo de este ser sería, evidentemente, no-antropocéntrica. No obstante, podría incorporar el concepto color. Su definición de color, que ya ha sido sugerida en el párrafo anterior, podría parecerse a: sensación que produce la percepción de luz en algunos seres capaces de percibirla. A mi parecer, esta definición de color es independiente de cómo vemos el mundo y el hecho de que los humanos sepamos de animales que perciben sensaciones de las que nosotros carecemos (como las serpientes con fosetas termosensibles o la orientación por ultrasonidos de los murcielagos) evidencia la posibilidad que sugiero.

Barry Stroud va un poco más allá que los filósofos a los que comenta y reconoce que una posible solución estaría en relacionar el mundo de hechos físicos con el de hechos psicológicos. Quizá aquí encajaría mi propuesta, dado que la sensación producida por una percepción podría entenderse como un proceso psicológico. A este respecto, Stroud dice: “La única alternativa aparente sería una teoría más abarcadora que fuese más allá de los vocabularios físico y psicológico y consiguiese explicar de alguna manera las conexiones existentes entre ambas clases de fenómenos, pero nadie se imagina en qué podría consistir semejante teoría“. Cuando leí esta frase pensé que faltaba aquí un escalón importante, a saber: la neurología. Estoy persuadido de la idea de que Stroud se replantearía algunas de sus dudas si leyese a Antonio Damasio.

Su planteamiento le lleva a preguntarse demasiados porqués. Cuando estamos ante un limón, “¿por qué se origina precisamente en esas condiciones físicas una percepción de amarillo?“, “¿por qué lo que se origina no es una percepción de rojo o de algo cúbico o de dolor o simplemente un pensamiento sobre la raíz cuadrada de menos dos?“. Aquí volvió a mí la idea de que Barry Stroud necesitaba urgentemente leer algo de neurología moderna. Atendiendo a la máxima de Jorge Wagensberg: “a más cómo menos por qué“.

A trancas y barrancas, llega, ¡por fin! ¡ya entrados en la página 170! a una teoría que incorpora el concepto sensación: “La idea viene a decir que, percibir el amarillo, por ejemplo, entraña la presencia o la aparición de lo que llamamos una sensación (o a veces una idea o impresión o dato de los sentidos o incluso una experiencia) de amarillo“. Pero, según Stroud, esto implicaría una confirmación de la subjetividad de los colores. ¡Que alguien le regale un libro de Rodolfo Llinás!

Podría decirse, en contra de mi argumento, que lo que yo afirmo implica que los cuerpos no tienen color, en tanto que hemos definido color como una sensación que se produce en nosotros. Lo cierto es que mi teoría es bastante más radical porque lo que yo creo es que, si nos ponemos así, tendríamos que concluir que tampoco existen los objetos. ¿Existen las montañas para una hormiga?

Según mi teoría o, mejor dicho, según la teoría que estoy exponiendo, todas nuestras percepciones son antropométricas. ¿Podría decirse que existen los limones si no existiesen seres con capacidad de percibirlos? Los árboles caen aunque no haya nadie en el bosque. Eso está claro. Pero si no hubiesen seres con capacidades sensoriales a la medida de los limones (sentido del gusto, del tacto, del olfato, vista, etc.) éstos serían sólo un conjunto de átomos, un poco de materia, no serían limones. No nos engañemos, si existen los limones, existen los colores.

Después de 220 páginas, Barry Stroud llega a conclusiones parecidas a las que he expuesto en este artículo. Esto, por un lado, quiere decir que en el fondo es un tipo inteligente; pero por otro lado, quiere decir que le gusta llenar papel con muchas letras y poco razonamiento. ¿Por qué, si no, dedicar tantas páginas a unos razonamientos que caben en 4 ó 5? Luego, en mi opinión, se hace la picha un lío. Total, más de 300 páginas dedicadas a filosofar sobre los colores. Eso sí, ¡sin recurrir en ningún momento a una argumentación científica!

Está claro que Barry Stroud es un friqui y esa es una cualidad que exijo a cualquier filósofo. Pero otra cosa es verdad: al final, el libro se hace un coñazo. No obstante y, aunque he hecho de éste un comentario quizá demasiado crítico, recomiendo sin dudarlo la lectura de esta obra; que ya deberíamos considerar un clásico en la materia.

Enlace corto:http://capo.gl/5s | Categoría: Crítica literaria | Tags:

8 respuestas ↓

  • 1 RaulMPC // Mar 27, 2008 at 2:50 am

    coño no habia leido este articulo. creo que es de tus mejores criticas.
    un besito

  • 2 Carlos Capote // Mar 27, 2008 at 6:54 am

    Debe ser porque no entiendo ni una palabra de lo que digo…

  • 3 Salvador H. Tortosa // Oct 21, 2009 at 4:45 pm

    Carlos, llevo como la quinta lectura del Barry Stroud y estoy ahito de indignación y fastidio. El texto es ese acerca del mundo exerior a donde maltrata con la peor literatura a Descartes y hace, al parecer, un ajuste de tuerca de eso que el frances nunca ha dicho: un escepticismo radical respecto a la imposibilidad de aseverar la existencia de un mundo allende a nuestros sentidos. No es que dude de la posibilidad de conocer, no. Es más radical según parece: descree de que podamos afirmar que haya algo que conocer. Porque no te pones en eso y conversas un poco conmigo. Tengo el propósito de matar a Barry Stroud y que después de mi nadie sepa que un analítico así alguna vez haya existido. Al fin y al cabo coincidiríamos.

  • 4 RENE // Feb 20, 2010 at 11:18 pm

    buen libro, necesita enfocarse mas en las corrientes filosoficas que toca y adentrarse en su deliveracion.

  • 5 Carlos Capote // Feb 23, 2010 at 12:18 pm

    Salvador,

    Es curioso porque según lo que comentas, Barry Stroud ha cometido más o menos los mismos errores que Descartes, sólo que con un estilo más moderno.

    RENE,

    Yo, en cambio, creo que lo que le falta es hablar más claro. Si este libro lo intenta leer mi abuela le provoca un derrame.

  • 6 Elie // Apr 18, 2010 at 1:46 am

    Salvador

    Aunque si deja en evidencia su pésima interpretación de Descartes, no lo hace a tal nivel. Deja muy claro que se refiere a la situación de Descartes al final de su primera meditación, y que después de eso Descartes resuelve el problema muy a su manera, cosa que ya no discute. Se limita a hacer ver que las suposiciones tácitas sobre la naturaleza del conocimiento de Descartes son más fuertes de lo que aparentan en una primera lectura superficial, y es atacando esas suposiciones como podríamos escapar a la de otro modo inevitable conclusión escéptica.

  • 7 kostakih // May 15, 2011 at 1:49 am

    Con toda humildad, creo que no has entendido el libro, Carlos. 1) la cuestión no es si las sensaciones que tenemos dependen de los objetos, esto no lo discute nadie; de lo que se trata es de ver cuál es esa relación de dependencia, y si la sensación “representa” algo en el mundo tal y cómo es, del mismo modo que la percepción de una forma nos parece, diría Locke, que refleja un rasgo existente en el mundo con independencia de que haya seres que perciban formas.
    2) la concepción absoluta de la realidad es tal que, si funcionara, podría explicar las sensaciones de color a todos los seres, pero negando, a su vez, que el color se una propiedad del mundo con independencia de seres que tengan sensaciones de color. El argumento de Stroud diría algo así: para poder concluir que los colores no están en el mundo con independencia de seres que tienen sensaciones de color habría que contar una historia que desenmascarara la ilusión de que los colores están en las cosas; el problema es que las condiciones de identidad de las sensaciones de color, que es lo que se tiene que mostrar que no representa el mundo tal y como es, no son independientes del compromiso con la existencia de colores en las cosas, por lo tanto no se puede argumentar coherentemente que los colores no estén las cosas, esto no implica ni que los colores estén en las cosas, ni que no lo estén, sino que el proyecto desenmascarador no puede tener éxito debido a la posición epistémica que ocupamos. En última instancia, se trata de una variante del argumento contra el lenguaje privado de Wittgenstein. El argumento no lo has tocado ni superficialmente y, en todo caso, para intentar refutarlo hace falta mucho más trabajo.
    3) Es un error contraponer argumentaciones científicas a otro tipo de argumentaciones, como si sólo las argumentaciones que forman parte del corpus de una ciencia fueran válidas. Los libros de Damasio son fabulosos, pero aquello de lo que habla Stroud no roza nada de lo que dice Damasio, ni viceversa; Damasio lleva a cabo investigaciones empíricas, y Stroud estudia las implicaciones y presupuestos conceptuales y lógicos de una determinada concepción metafísica. Damasio no toca el problema de Stroud, pero no porque se equivoque, sino porque está estudiando otra cosa. Damasio no discute una concepción metafísica, sino que ya está inmerso en el mundo y lo estudia. Puede parecer que hablan de lo mismo, pero no lo hacen. La neurología habla de neuronas, sensaciones, nervios y patrones, pero no puede decir nada de las cosas “tal y como son”, ni de las cualidades primarias o secundarias porque este tipo de conceptos no se incluyen en su campo de estudio, de la misma manera que la física no dice nada de nichos ecológicos. Por otra parte, una argumentación es una argumentación, venga de donde venga; y si el argumento es válido y tiene premisas verdaderas, no importa que no forme parte del corpus de la ciencia, la conclusión es verdadera.
    4) Nadie duda que la neurología funcione, pero esto no implica que pueda explicar cómo sabemos lo que sabemos. Te voy a poner un ejemplo. ¿Cómo sabemos que una persona tiene ciertas sensaciones? -Por su comportamiento y por su conducta, -¿pero tenemos una manera más precisa de saberlo? -Por supuesto, para eso están los artefactos que escanean el cerebro, el dibujo del electro me dice que la región x del cerebro se activa y, por lo tanto, tienes una experiencia visual de rojo, -¿pero cómo se ha llegado a saber esto? -Porque se ha estudiado cientifícamente. -Bueno, pero eso no es una respuesta, me tendrás que decir algo más concreto. -Se ha podido establecer una correlación -¿Entre qué y qué? -Entre la sensación y el proceso cerebral -¿Entonces la sensación es algo distinto del proceso cerebral? ¿Y cómo estableces la correlación, si no tienes acceso a las sensaciones de otras personas? -Hombre, yo tengo sensaciones en primera persona, y puedo postular con bastante plausibilidad que los demás también las tienen. -¿Me estás diciendo que estás generalizando universalmente a partir de tu propio caso? ¿Eso es ciencia? -Bueno, digamos que las sensaciones son idénticas a los procesos cerebrales. -El problema es que yo puedo saber que tengo una sensación sin ni siquiera saber lo que es el cerebro, ¿cómo pueden ser la misma cosa? -Bueno, es que uno puede conocer la misma cosa de modos distintos -Es una buena respuesta, el problema es que eso último que has dicho ya no es neurología, parece epistemología.
    Fíjate en que nada de lo dicho en el diálogo contradice los hallazgos de la neurología, y sin embargo es evidente que hay problemas que te llevan más allá de la neurología. Si esa diferencia no se ve, es imposible entender el libro de Stroud (pueba a mantener este diálogo con un médico, es muy divertido; aunque al final te suele mandar a la mierda o bien reconoce que no te sabe responder)

  • 8 Maya // Oct 9, 2012 at 10:40 am

    Carlos, qué representa la imagen de la primera cubierta? Es un detalle de una pintura cubista? Cómo se llama? Gracias.

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