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Irracionalidad.- Stuart Sutherland

1 de julio de 2006 · 3 comentarios

IrracionalidadAutor(a): Stuart Sutherland
Título: Irracionalidad
ISBN-10: 842060819X
ISBN-13: 978-8420608198
En una frase: "Con todos mis respetos hacia Aristóteles, cabe afirmar que la conducta irracional no es la excepción, sino la norma."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.

El lenguaje claro y llano que utiliza Stuart Sutherland a lo largo de toda la obra la hace accesible a todos los públicos; eso sí, respetando el rigor necesario para conseguir el objetivo: demostrar el predominio de la irracionalidad. “Hasta hace poco, los filósofos, los psicólogos y los economistas daban por descontado que, en general, los hombres actúan de forma racional“. A través de innumerables experimentos psicológicos y experiencias de la vida cotidiana, Sutherland defiende su teoría de que el hombre, en esencia, es un animal irracional.

Como sería de esperar, se hacen necesarias algunas aclaraciones sobre lo que el autor entiende por irracionalidad. A este respecto, nos explica: “Es importante distinguir la irracionalidad de la ignorancia, que también existe a gran escala. En 1976, el 40 por ciento de los ciudadanos americanos creía que Israel era un país árabe“. Queda claro que Sutherland no considera irracional una acción si la persona no disponía, en el momento de realizarla, de los conocimientos necesarios para realizar una acción con más probabilidades de éxito. Pero esto no es todo, también “hay que establecer una distinción entre irracionalidad y error. Para ser irracional, la acción tiene que realizarse deliberadamente. Pero un error cometido de forma involuntaria no es irracional, aunque sea un error“.

Un ejemplo rápidamente entendible de irracionalidad es la incapacidad de posponer un juicio. Tomar una decisión de forma precipitada o llegar a una creencia antes de disponer de todos los argumentos necesarios son acciones irracionales. “Quienquiera que haya sido miembro de una comisión habrá oído decir: ‘no podemos hacerlo: sentaría un precedente’. Este comentario es totalmente irracional. La acción propuesta contra la que se dirige puede ser razonable o no serlo. En el primer caso, realizarla sentará un buen precedente; en el segundo, no se debe realizar. En consecuencia, que siente o no un precedente es irrelevante“.

El “error de disponibilidad” es uno de los errores de pensamiento más frecuentes. Aparece descrito en los primeros capítulos (que le dedican varias páginas). No en vano, a lo largo de la obra volvemos a encontrarnos en repetidas ocasiones con él. “Prestamos más atención a la mala conducta que a la normal, así que nos impresiona más que un miembro de un grupo minoritario se comporte de forma indebida. Un notable ejemplo procede de la época en que las mujeres apenas conducían. Cuando una mujer cometía un error de conducción, los hombres la miraban y decían: ¡Dios mío!, ¡Otra mujer conductora! Las mujeres que conducían bien no destacaban, por lo que nadie se fijaba en ellas“. Algunos animales irracionales aún son víctimas este prejuicio. También resulta curioso que este defecto en el pensamiento sea el mismo que tanto abunda entre racistas y xenófobos. Por otro lado, los organizadores de loterías y otros concursos dedican grandes esfuerzos a recordar a los ganadores y premios de ediciones anteriores; lo que nunca hacen es publicidad sobre esa gran mayoría que no ganó nada.

Hay experimentos que demuestran que, cuando varias personas son testigos de un hecho que requiere su intervención, se sienten menos responsables que si están solas. En un estudio se les dijo a los sujetos, estudiantes universitarios de primer curso, que iban a hablar de las dificultades de adaptarse a la vida universitaria. Se oían unos a otros, pero no se veían. El número de sujetos presentes variaba de uno a cuatro y, además, siempre había un cómplice que fingía ser un estudiante de verdad. Durante la conversación, el cómplice reveló que era epiléptico y poco después fingió un ataque. Cuando sólo había un estudiante presente, el 85 por ciento de ellos informó al experimentador; cuando había dos o cinco sujetos, sólo el 62 y el 32 por ciento, respectivamente, le informaron. Es evidente que cada uno creía que la responsabilidad de intervenir era de otro“. Este ejemplo me parece tan esclarecedor como escalofriante. Millones de personas, sabiendo que hay miseria en el mundo, sabiendo que somos parte responsable del problema y sabiendo que podemos ser parte activa de la solución nos miramos cruzados de brazos unos a otros. “Es culpa de los gobiernos” -dicen algunos-. Tonterías.

Cada capítulo concluye con una serie de recomendaciones que pueden llevarnos a ser un poco más racionales en nuestras decisiones cotidianas. Alguien podría pensar que ésta es una tarea incómoda y que quizá no merezca la pena. Según Sutherland ésta es una práctica que, con el tiempo, acaba siendo espontánea: “Para ponerse en la situación de obrar bien sin pensar, es decir, sin considerar qué es lo racional, hay que pasar por un periodo en que se actúe deliberadamente de un modo que moldee el carácter en la línea deseada: en eso consiste realmente la racionalidad“.

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3 respuestas ↓

  • 1 s2r3aNo Gravatar // jul 16, 2009 at 8:20 am

    Muy buen resumen. Leí el libro allá por el 2002 y ahora estoy repasándolo por esa atribución irracional que se hace a que el volar es el más seguro de los medios de transporte y se ilustar en este libro como ejemplo de pensamiento falso. Coincide con los cuatro accidentes aéreos recientes.

  • 2 ImoNo Gravatar // may 6, 2010 at 10:48 pm

    Un libro recomendable para deshacerse de los malos hábitos que solemos tener y entender mejor a los demás.

    Saludos

  • 3 MarcosNo Gravatar // oct 26, 2011 at 4:55 pm

    Me lo acaban de regalar, y lo estoy leyendo a ratitos. Es muy interesante y está bien escrito. Aunque, en una de las primeras páginas (en el prefacio, concretamente) el traductor escribe andara en lugar de anduviera o anduviese. Perdonado queda, pero hay que revisar los textos; y me extraña que esto no se haga en una editorial.

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