Susan George, vicepresidenta de la Asociación ATTAC (www.attac.org), escribe esta obra que “no es una obra de ciencia ficción ni ningún otro tipo de ficción”. Un supuesto informe elaborado por un supuesto Grupo de Trabajo para unos supuestos solicitantes. En la forma me ha recordado a “La religión del capital”, de Paul Lafargue, aunque quizá sea un poco impertinente comparar ambas obras. Innovadora en el formato y dura en sus críticas, creo que Susan George es lo que hoy se suele llamar: una gran comunicadora. (La he visto en una conferencia y puedo asegurar que tiene tablas para hablar en público.)
El informe responde al interés de los solicitantes de “identificar las amenazas que pesan sobre el capitalismo en el siglo XXI”. A priori, podría parecer que Susan George está tratando de reavivar una lucha del pasado. Leer la primera nota aclaratoria del informe nos ayudará a comprender mejor a qué se refiere cuando utiliza el aparentemente desfasado término: “el nombre científico del sistema del que nos ocupamos es capitalismo. Sin embargo, después de las obras de Karl Marx, el término ha adquirido unas connotaciones innecesariamente negativas en algunos ámbitos. Aclarado esto, emplearemos de ahora en adelante libre mercado o economía de mercado en lugar de capitalismo”.
Detrás de los ideales neoliberales criticados por Susan George, se esconden malas interpretaciones de la teoría de la Selección Natural de Charles Darwin y referencias constantes a los argumentos (interesantes pero ya pasados de moda) de Thomas Malthus. Estas premisas llevan a los neoliberales a considerar insuficientes los recursos del planeta (para satisfacer las necesidades de la demografía actual) y, por tanto, necesarias estrategias para la reducción de la población.
Antes de informarme lo más mínimo sobre la lucha contra la pobreza aceptaba algunas de las premisas neoliberales porque me parecían lógicas. Hoy sé que hay recursos suficientes para todos y que, pese lo que pese a los defensores de las teorías malthusianas, no es cierto que “los recursos crezcan aritméticamente mientras la población lo hace de forma geométrica”.
En Nicaragua, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha instado (quien dice instado dice obligado) al Gobierno a congelar su gasto público. Recientemente se ha condonado (perdonado) la totalidad de la deuda externa que Nicaragua había contraído con el FMI y el Banco Mundial (BM). No obstante, Nicaragua soporta una importante deuda pública. Intermón Oxfam, en su informe Nicaragua: Los “Objetivos de desarrollo del milenio” (ODM) y el programa con el FMI, dice textualmente: “Los documentos de política del FMI enfatizan en la necesidad de honrar a toda costa – y por encima de cualquier otra prioridad - la santidad de los contratos de crédito”. Muchos argumentan y defienden que estos esfuerzos son necesarios para activar la economía del país; y que esto acabará resultando en una mejora de la vida de las personas.
Pero en Nicaragua -según los criterios de la ONU- el 79,9% de la población vive en condiciones de pobreza moderada (con menos de US$ 2 al día). El porcentaje de personas que viven en condiciones de pobreza extrema (con menos de US$ 1 al día) se eleva a un 45%. La población infantil -según la cataloga UNICEF- representa el 51% de la población. La tasa de subnutrición (hambre) es de un 27% de la población. El 60% de los niños no reciben educación secundaria y la tasa de escolaridad primaria se ha venido reduciendo sistemáticamente durante los cuatro últimos años. En estas condiciones, dar prioridad a la deuda pública en perjuicio del gasto en educación (que se verá congelado hasta 2008) y del gasto en salud, que se ha visto reducido, supone una tragedia.
El FMI, irónicamente, muestra más interés en preservar el capitalismo en Nicaragua que las vidas de los nicaragüenses. Para obtener una bella flor es necesario que ésta tenga el agua, la luz y los nutrientes necesarios. Para que un automóvil funcione correctamente es necesario que disponga de combustible y de un motor en buen estado. Querer embellecer una flor sin regarla o querer que un automóvil ande sin combustible es tan absurdo como pretender activar la economía de un país sin la necesaria inversión en salud y educación.
La primera edición del Informe Lugano fue publicada en 2001; de ahí, que algunas cifras que aparecen en él estén algo obsoletas. Y también de ahí, que me haya tomado la libertad de utilizar un ejemplo actual, el caso de Nicaragua (que no aparece en el libro) para adaptar a la actualidad el tipo de críticas que se exponen en la obra.
Desde mi más humilde e indocta opinión recomiendo sin dudarlo la lectura de este clásico; aunque advierto que me había hecho demasiadas espectativas que el libro no ha podido cumplir.










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