Antes de leer este libro no tenÃa ni idea de cuánto ignoraba sobre el pitagorismo. Como todo el mundo, habÃa oÃdo hablar de un tal Pitágoras. SabÃa que habÃa sido uno de los primeros estudiosos de la música (si no el primero), que muchos lo consideran padre de la cultura occidental y que la ecuación que iguala el cuadrado de la hipotenusa a la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es conocida como “teorema de Pitágoras”.

No sabÃa yo, por ejemplo, que la escuela pitagórica habÃa sido tan mÃstica y que habÃa tenido un carácter religioso tan fuerte. Otras escuelas griegas, como la aristotélica y la platónica, también tenÃan un importante fondo mÃstico y religioso. Sin embargo, sólo en la pitagórica se entraba por la vÃa religiosa y era ésta la que llevaba al estudio como una vÃa de purificación espiritual.
En muchas ocasiones he oÃdo argumentar que se considera a los griegos padres de nuestra cultura occidental porque fueron los primeros en separar el pensamiento supersticioso del cientÃfico. Estoy de acuerdo sólo con parte de este argumento. Como escéptico, me gustarÃa creer que nuestra ciencia nació del escepticismo pero no hay nada más lejos de la realidad. Los pitagóricos son buena muestra de ello. Muchos de los más grandes cientÃficos de la historia han sido declaradamente mÃsticos y religiosos. En cambio, sà que acepto la proposición contraria. Fue la ciencia la que parió al escepticismo y éste, como buen hijo agradecido, defiende a su madre… sólo que, a veces, renegando de sus orÃgenes.
Si hay un motivo por el que sà que considero que los griegos pueden ser considerados padres de la cultura occidental es el que defiende González Urbaneja cuando dice: “La matemática anterior a los griegos tiene un carácter meramente instrumental como medio para resolver problemas prácticos, mientras que para éstos la ciencia es un fin en sà misma“. Este libro combina una apasionante contextualización histórica con razonamientos matemáticos. En cuanto a los razonamientos y a las demostraciones: la mayorÃa de ellas son formuladas desde el prisma de la geometrÃa, de manera que es más fácil comprender no sólo los teoremas mismos sino la forma en que fueron concebidos.
Los pitagóricos hacÃan gala de un secretismo sectáreo y atribuÃan todos (o al menos gran parte) de sus descubrimientos a Pitágoras. De ahÃ, que sea tan difÃcil saber qué es realmente atribuible a su figura y qué no. En cualquier caso, no creo que éste sea asunto de gran relevancia. Lo que sà me parece relevante es la base que sentó el pitagorismo en tres materias (que ellos consideraban una sóla): las matemáticas, la filosofÃa y la religión. En cuanto a las dos primeras, se atribuye al propio Pitágoras los términos matemáticas (lo que se puede conocer) y filosofÃa (amor por la sabidurÃa). En cuanto a la religión, ya conocÃa la decisiva influencia de Platón en el cristianismo pero después de leer este libro coincido con Bertrand Russell cuando dijo: “lo que aparece como platonismo resulta, después de analizarlo, esencialmente pitagorismo“.
La imagen que me hago de Pitágoras es tal que no puedo evitar pensar que los cristianos hicieron de Cristo un lÃder inspirándose en su figura. Aunque con una significativa diferencia: ¡no tenemos noticias de que Cristo tuviese nociones de geometrÃa! (Quizá por eso inventaron para él una historia llena de magia y milagros.)
“PodrÃamos calificar de pitagórica la fe que ha presidido la tarea humana de ir haciendo comprensible para el hombre el cosmos global que ha inspirado toda la actividad cientÃfica durante los últimos 2500 años.“










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