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Enterrad las cadenas.- Adam Hochschild

29 de julio de 2007 · Sin comentarios

Enterrad las cadenasAutor(a): Adam Hochschild
Título: Enterrad las cadenas
ISBN-10: 8483077019
ISBN-13: 978-8483077016
En una frase: "En 1787, doce hombres se reunieron en una imprenta londinense para acometer una tarea aparentemente impracticable: acabar con la esclavitud en el mayor imperio de la Tierra."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.

“En contra de la idea que tenía entonces y sigue teniendo la mayoría de los británicos, la mayoría de los esclavos que trabajaban en los campos de plantaciones [...] eran mujeres. El hecho de que las mujeres realizaran las labores más duras, sumado a su desastrosa dieta, retrasaba la primera menstruación y acababa con la fertilidad de las esclavas cuando rondaban los treinta y cinco años.” (Pág. 75)

La baja natalidad y las muertes tempranas imponían a los patronos la dependencia de un flujo constante de nuevos esclavos. De hecho, “los dueños de las plantaciones pensaban, en general, que, según el dicho, era más barato adquirir que alimentar” (Pág. 76).

Adam Hochschild abre este impresionante libro retratando la situación en que se encontraban los esclavos del Imperio Británico cuando aún no existía un movimiento abolicionista unificado. Por entonces sólo los cuáqueros estaban oficialmente en contra de la esclavitud, pero vivían prácticamente al margen de la sociedad y completamente al margen de la vida política así que su movimiento carecía de impacto alguno. Fue entonces cuando entró en escena una de las figuras claves (a la que, por cierto, no se ha hecho la justicia histórica que merece).

“Para los cuáqueros, Clarkson era un regalo de Dios: joven, desbordante de entusiasmo, diestro en persuadir a la gente para que se uniera a la causa [...] y, sobre todo, anglicano. Ellos sabían que sus tenaces demandas contra la esclavitud habían sido ignoradas, sencillamente, por ser cuáqueros. Para influir en la opinión pública necesitaban a un anglicano con talento deseoso de dedicar todo su tiempo y energías al movimiento, y ahora, por fin, tenían a uno.” (Pág. 103)

El trabajo de Hochschild, además de ser impecable desde el punto de vista narrativo e histórico, es una referencia imprescindible para cualquier activista. Casi de cada párrafo se puede extraer una lección. Del párrafo anterior, por ejemplo, puede extraerse un conocimiento que muchos movimientos sociales ignoran aún hoy: la importancia de incidir en la vida política y la opinión pública. Es muy común que las injusticias generen un sentimiento de angustia, insatisfacción o frustración y nos lleven a condenar “el sistema” (democracia, mercado, etc). Lo que propongo es que aprendamos de movimientos como éste, que tuvieron un fuertísimo impulso precisamente cuando empezaron a trabajar desde “el sistema”, utilizando sus propios mecanismos participativos.

(Nota: Aprovecho para advertir que a lo largo de este comentario destriparé el libro extrayendo de él aquellos párrafos de los que creo que se puede sacar alguna lección sobre movimientos sociales. Así pues, aconsejo a quienes aún no lo hayan leído que lo hagan antes de continuar con la lectura de mi comentario. Dicho de otra manera: contiene spoilers.)

“Juntos decidieron crear una nueva organización que nadie pudiese descartar por considerar que estaba controlada por una secta marginal.” (Pág. 103)

Más tarde la organización elaboró un documento resumen en el que recogían testimonios sobre la esclavitud. “En un momento de la historia en que una gran parte de los libros y folletos publicados eran tratados de Teología o sermones, y en un libro que citaba como testigos a varios clérigos, el Resumen no contenía referencias a la Biblia.” (Pág. 205)
El movimiento abolicionista demostró tener una visión laicista (es la mejor palabra que encuentro) que aún muchas organizaciones de hoy en día no tienen, y es que son muchas las ONGs cuya misión es trabajar en proyectos de desarrollo y que, incomprensiblemente, se encuentran oficialmente vinculadas a movimientos religiosos. (Nada que decir de aquellas cuya misión es explícitamente evangelizar.) Puede argumentarse que muchas de ellas han sido fundadas por esos grupos religiosos pero lo único que esto demuestra es que dichos grupos religiosos no comprenden el laicismo y, en consecuencia, tienen una visión muy poco estratégica.

Y no sólo estuvieron abiertos a personas de diferentes credos. El movimiento antiesclavista tuvo una amplitud de miras admirable y una visión estratégica ejemplar. Un ejemplo más lo encontramos en cómo introdujeron a Wilberforce en el movimiento. Wilberforce sería quien introduciría las ideas abolicionistas en el parlamento y digo que al contar con él el movimiento demostró una amplitud de miras admirable porque era un tipo de ideas bastante conservadoras.

“Wilberforce era contrario a aumentar el minúsculo número de británicos con derecho a voto, temía cualquier intento de movilizar a la opinión pública y contemplaba consternado a los miembros de las clases bajas o a las mujeres que cuestionaban el lugar que se les había asignado en la sociedad [...] Como muchos evangélicos, creía que las diversiones populares eran una sentencia hacia el pecado [...] Fueran cuales fuesen sus diferencias en cuanto a creencias y temperamento, Clarkson, el agitador, necesitaba a Wilberforce como persona bien introducida. Al fin y al cabo, en ausencia de una revolución, el objetivo habitual de la constitución de un movimiento es conseguir que los legisladores cambien las leyes.” (Pág. 132)

Aquí, en España, el Partido Popular es el partido conservador por excelencia. Los hay más conservadores y radicales pero el Partido Popular no se queda corto: se opone a que los matrimonios entre personas del mismo sexo sean considerados igualmente válidos que los matrimonios heterosexuales. Se opone a una asignatura de Educación para la Ciudadanía porque educa contra la homofobia… apoya la guerra de Irak… es monárquico… La lista podría continuar casi hasta el infinito pero a pesar de todo esto hay ocasiones en las que creo que movimientos sociales de izquierdas deben alinearse con este partido.

El Partido Socialista (que no es tan conservador aunque en ocasiones se las trae) negocia con Marruecos acuerdos de pesca en zonas que la ONU reconoce como saharauis. Creo que el caso del Sáhara Occidental es un caso en el que se hace evidente que los movimientos sociales deben aprender a colaborar con diferentes fuerzas políticas según precisen las circunstancias. En este caso los movimientos sociales tienen mucho que ganar si trabajan con el Partido Popular (cuya postura en este caso es mucho más digna que la del Partido Socialista).

“Sir William Dolben, amigo de Wilberforce, llevó a un grupo de parlamentarios a visitar un barco negrero que se equipaba en el Támesis. Horrorizado por lo estrecho de los alojamientos, Dolben presentó un proyecto de ley que limitaba el número de esclavos que podía transportar un barco en función de su tonelaje, y exigía a todas las naves tener un médico y llevar, además, un registro de las muertes de esclavos y tripulantes. La comisión para la abolición temió que el proyecto de ley Dolben estableciera, según la expresión de uno de sus miembros, «el principio de que la trata era justa en sí misma, pero se había adulterado».” (Pág. 148)

Pero entre los defensores del proyecto de ley se encontraban también algunos líderes abolicionistas como Equiano, cuya labor dentro del movimiento adquiere especial relevancia dado que era uno de los pocos líderes abolicionistas que en algún momento de su vida había vivido la esclavitud como víctima. De esta ley deberíamos de aprender que los progresos, aunque parciales, son progresos y estratégicamente es un suicidio no apostar por ellos. Me viene a la cabeza el caso de la regularización de la prostitución, donde es popular la idea de que no debe regularizarse porque haciéndolo «se estaría legitimando» tal actividad. Mi sugerencia es que incluso quienes consideran que no debería legitimarse la prostitución deberían de apoyar su regularización. Equiano “calculó, evidentemente, que un proyecto regulador era mejor que nada” (Pág. 148).

De la participación de Equiano en el movimiento antiesclavista podemos además aprender mucho. Es común que dentro de los movimientos sociales se haga lo posible por huir de representación alguna aunque en ocasiones resulta muy útil. “Nada es más útil a una causa que una persona que parece encarnarla, como ha ocurrido actualmente con la causa de la libertad en el Tíbet, personificada, al parecer, en el Dalai Lama, o con la de Sudáfrica de la época del apartheid y la persona de Nelson Mandela. Las decenas de miles de británicos que leyeron el libro [autobiográfico] de Equiano o le oyeron hablar comenzaron a ver la esclavitud a través de los ojos de un antiguo esclavo.” (Pág. 176)

“En vez de denominarles ESCLAVOS, llamemos a los negros PLANTADORES AUXILIARES; -dijo un escritor partidario de la esclavitud- así no tendremos que oír luego esas violentas protestas contra la trata de esclavos por parte de teólogos piadosos, poetisas de corazón tierno y políticos miopes”. (Pág. 168)

“William Cowper escribía:

Reconozco que me escandaliza el comercio de esclavos
y temo que quienes los compran y los venden son unos bellacos;
lo que oigo contar sobre sus penalidades, torturas y gemidos
bastaría para mover a compasión a las piedras.

Siento por ellos una gran compasión, pero debo callarme,
pues, ¿cómo podríamos prescindir del azúcar y el ron?
Sobre todo del azúcar, que tan necesario nos parece.
¿Cómo vamos a privarnos de nuestros postres, del café y del té?.” (Pág. 201)
El movimiento abolicionista tuvo que luchar contra argumentos demagogos, y contra prejuicios y juicios erróneos por parte de simpatizantes cortos de miras. En este contexto se empezaron a practicar los primeros boicots de que se tiene noticia y las primeras campañas de comercio ético (que recuerdan al actual comercio justo) que etiquetaban sus productos como “producidos por PERSONAS LIBRES”.

También el vegetarianismo de hoy día tiene que enfrentarse a argumentos reduccionistas como el de algunos objetores del boicot al azúcar: el “azúcar no es un lujo, sino [...] una necesidad vital, y muchas personas han dañado gravemente su salud al abstenerse totalmente de consumirlo.” (Pág. 202)

“El movimiento tuvo en Clarkson un organizador inspirado; en los cuáqueros, una red de activistas entregados; en Wilberforce, un portavoz parlamentario de gran respetabilidad; y en Granville Sharp, una venerable figura paterna [...] Sin embargo, lo que les había faltado hasta entonces a los abolicionistas era un pensador de primera categoría capaz de imaginar cómo convertir en ley, dentro de los límites del sistema británico, tradicionalista y semidemocrático, los grandes recursos de opinión pública que -según esperaban- seguían estando de su lado. Aquel estratega tan urgentemente necesitado se hallaba ya en escena. [James Stephen].” (Pág. 308)

No es evidente que los movimientos sociales necesitan especialistas en diferentes áreas. James Stephen era un experto en derecho marítimo que conocía las limitaciones del sistema y sabía cómo utilizarlo. En ocasiones se hace necesaria la colaboración de estrategas que saben evaluar las consecuencias de determinados actos, y actúan con la asertividad y astucia necesarias para lograr sacar el máximo provecho posible a las situaciones. Sin expertos y grupos de reflexión los movimientos sociales van dando tumbos y piensan más en qué opciones son más éticas y correctas que en qué opciones tienen mayor probabilidad de éxito (qué opciones son más estratégicas). Sin embargo, como decía Karl Popper, la manera correcta de evaluar nuestros actos es en función de sus consecuencias.

Consideramos que el movimiento abolicionista británico fue un éxito aún cuando necesitó más de 50 años para lograr que el parlamento prohibiese la trata de esclavos. Muchos de los activistas que iniciaron la causa murieron sin ver cómo se recogían los frutos que ellos mismos sembraron. Hoy trabajamos para conseguir unas leyes de comercio internacional más justas, controles más estrictos al comercio internacional de armas, políticas de desarrollo sostenibles, sistemas que garanticen el acceso a medicamentos, alimentos y educación a toda la población o hasta un trato más ético a los animales, y nos frustra ver lo lentos que son los progresos e incluso los retrocesos que a veces se dan.

Pero, si me lo permitís, no diré que el relato de Hochschild es el relato de la primera campaña popular en favor de los Derechos Humanos, en su lugar, diré que esa campaña aún no ha terminado y es exactamente la misma campaña por la que estamos trabajando hoy. La abolición de la esclavitud en el Imperio Británico es sólo un hito de una campaña que aún no ha terminado. Quizá, en unos cientos de años se empiecen a estudiar los últimos siglos del segundo milenio y los primeros del tercero como la era en que la humanidad logró, por fin, autoimponerse la justicia.

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