Hace cosa asà como un mes y medio leà En busca de Spinoza, de Antonio Damasio. Si en tan poco tiempo me decidido a leer una nueva obra suya… es porque me dejó fascinado.
Al principio me preocupaba ser vÃctima de esa vieja costumbre que todos tenemos de leer libros de aquellos autores que sostienen las mismas teorÃas que nosotros. De esta manera nos reafirmamos y nos sentimos más seguros de nuestras ideas. En cierto modo, nos radicalizamos. Esta es una práctica tan extendida como irracional. Ya nos dijo Stuart Sutherland (y Karl Popper años antes) que para evaluar la veracidad de una hipótesis el primer paso es buscar argumentos en contra y no al revés, como solemos hacer.
Dos cosas me han dejado más tranquilo. En primer lugar, la sensatez con que Damasio expone sus teorÃas. Sin dogmas, nunca afirmando, sólo formulando hipótesis. En segundo lugar, la solidez y el detalle de sus argumentos. Mis ideas no se han radicalizado. No estoy más convencido que antes de que cuerpo, cerebro y mente son inseparables. Más bien, estoy igual de convencido. Eso sÃ, ahora tengo más argumentos en favor de esta hipótesis.
El error de Descartes expone las teorÃas de Damasio sobre las bases bioquÃmicas y neurales de las emociones y los sentimientos con más detalle que su obra posterior dedicada a Spinoza. Ambas obras giran en torno a los mismos conceptos pero en este caso, la exposición de argumentos es mucho más extensa. Con razón, la obra también lo es. Dicho sea de paso, el neurólogo de origen portugués ha vuelto a cumplir con su tradición (afortunadamente extendida en el gremio) de regalarnos nada menos que 17 páginas de notas y referencias bibliográficas.
Si tuviese que explicar en pocas palabras la idea general que transmite el libro seleccionarÃa la siguiente conclusión: “No es sólo la separación entre mente y cerebro la que es mÃtica: la separación entre mente y cuerpo es, probablemente, igual de ficticia. La mente forma parte del cuerpo tanto como del cerebro”. A quien esté interesado en conocer los razonamientos que dan lugar a esta hipótesis le recomiendo sin dudarlo la lectura de la obra completa.
Hay quienes se preguntan si este tipo de investigaciones y sus conclusiones insinúan que el amor, la generosidad, la bondad, etc. son sólo el resultado de la regulación neurobiológica orientada a la supervivencia. A estas cuestiones, Damasio responde: “Indudablemente, no es asÃ. [...] La magnitud del sentimiento y la belleza del mismo no se ponen en peligro si nos damos cuenta de que la supervivencia, el cerebro y la buena educación tienen mucho que ver con las razones por las que experimentamos dichos sentimientos”.









2 respuestas ↓
1 Oscar // Abr 29, 2008 at 10:07 am
hola, me parece una buena valoración. yo, por mi parte, sólo he leÃdo “el error de Descartes”; me costó empezarlo puesto la sinopsis de la parte trasera del libro no me dejaba muy satisfecho; ahora me explico. yo estudio filosofia, y entre los centenares de filósofos que se nos plantean delante siempre hay unos que salen en la perpetuidad, sea asà con Aristóteles, Platón y Descartes y Hume. ahora bien, referente a las ideas que capta y luego denuncia de Descartes estoy de acuerdo en parte. Estoy de acuerdo en que Descartes era dualista entre mente y cuerpo, eso es algo que no se puede dudar. pero lo que no me gustó nada es que cogiera el “cogito ergo sum” y lo utilizara ÚNICAMENTE en sentido literal. pues bien, el “pienso, luego existo” no significa (para nada!) que si no piensas no hay ser o existencia. eso es una barbaridad. por muy simplificada que sea la frase, en latÃn o francés, seria mas bien un “pienso, luego soy consciente de que existo” puesto que en el método de dudar de todo hasta llegar a la conclusión de que puedes dudar de todo menos de que estás dudando, creo que es un buen método. independientemente del dualismo mente-cuerpo, no se puede coger a un autor y transgiversarle las frases más célebres de su proyección. creo que esto puede suscitar dudas en gente que tenga menos apetito de temas cartesianos o ninguna guÃa anterior; en este sentido, el libro sólo es un precursor de prejuicios para novicios en temas similares.
a parte de esto, las explicaciones neurobiológicas me parecieron tan aseuibles y fáciles de entender que incluso me sorprende que se me dieran con poca motivación la biologia en su tiempo, es irónico porque, justamente en la facilidad de entender lo escrito, es muy parecido a Descartes.
saludos, Oscar.
2 Carlos Capote // May 2, 2008 at 10:44 am
Hola Óscar!
Muy buena tu puntualización. Sólo puedo añadir que a mà me sucedió precisamente al contrario. Fue leer a Damasio lo que me llevó a querer contrastar y leer el Discurso del método. HabÃa leÃdo fragmentos del discurso en bachillerato pero no habÃa leÃdo el texto completo. ¡En vez de apagar mi interés por Descartes, Damasio lo avivó!
Lo cierto es que no creo que nadie con un mÃnimo de sensatez dude que Descartes fue un intelectual de gran talla. Sin embargo, creo que mucha gente habla del Discurso del Método desde una perspectiva completamente errónea. El Discurso del Método de Descartes es una de las obras menos metodológicas que jamás he leÃdo. Cierto es que dedica mucho tiempo a explicar un método de razonamiento, ¡pero es un método que él mismo no usa!
Siempre que hablo con alguien del “cogito, ergo sum” de Descartes escucho interpretaciones que no tienen nada que ver con la intención de Descartes. Sin embargo, lamento discrepar contigo. Creo que la idea de Descartes al utilizar el “pienso, luego existo” no era tanto una idea metodológicamente escéptica (de hecho, él mismo, en el propio Discurso del Método, ataca a “los escépticos”) sino una idea inseparable de su dualismo.
Mi argumento para defender que el “cogito, ergo sum” es un error en la filosofÃa de Descartes, y que no se trataba de una duda metodológica sino de una justificación ingeniosa de su dualismo, es que justo un párrafo después de enunciarlo agregó:
“Luego, examinando con atención lo que era, y viendo que podÃa fingir que no tenÃa cuerpo y que no hay mundo, ni lugar donde yo estuviera, mas que no podÃa fingir por eso que yo no fuera y que, por el contrario, del hecho mismo de que yo pensara en dudar de la verdad de lo demás, se seguÃa muy evidentemente que yo era, en lugar de que, si solamente hubiese cesado de pensar, aunque todo el resto de lo que alguna vez hubiera imaginado hubiese sido verdadero, yo no tenÃa razón alguna para creer que yo hubiese existido, conocà de ahà que yo era una sustancia cuya total esencia o naturaleza no es suno pensar y que, para ser, no necesita lugar alguno ni depende de cosa material alguna.” [extraÃdo del Discurso del Método]
Siento discrepar en esto contigo pero creo que la mayorÃa de los filósofos hace una interpretación romántica y moderna del “pienso, luego existo” que nada tiene que ver con lo que pensaba Descartes cuando lo escribió. Personalmente, una de las cosas que más me gustan de Damasio es que no sólo es muy bueno como divulgador cientÃfico, ¡además es un gran pensador!
Dejando de un lado los puntos en los que discrepamos, creo que haces bien en recordar que carece de sentido leer a Damasio y no leer también a Descartes. Espero que sigas visitando esta Web y dejando comentarios tan interesantes como éste. ¡MuchÃsimas gracias por la participación!
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