No sé exactamente qué es lo que me gusta de leer a Schopenhauer. Es un autor con el que rara vez coincido en algo. Era un machista empedernido. Cosa que algunos justifican argumentando que era lo propio de la época. Y lo que es más caracterÃstico en él es que era un pesimista confeso. Era pesimista y estaba orgulloso de ello o, al menos, eso pretendÃa aparentar. En su antimanual de filosofÃa, Michel Onfray lo presenta diciendo que era un: “pesimista (le gustan mucho menos los hombres que su perro), músico (de flauta), misántropo (no vacila en maltratar a su vecina), paranoico (duerme con una pistola debajo de su almohada). Como remedio del mundo, invita a practicar la piedad, las bellas artes y la extinción de todo deseo en uno mismo“.
Este libro comprende algunos apuntes que Schopenhauer no llegó a publicar. Son sólo algunos apuntes que no tenÃan siquiera tÃtulo y forman parte de su obra póstuma. AquÃ, nos habla de lo que él llama dialéctica erÃstica; que no son más que dos palabras complejas que Schopenhauer utiliza para hablar de algo muy sencillo: el arte de discutir. “Para plantear con limpieza la dialéctica -dice Schopenhauer- es preciso considerarla únicamente como el arte de llevar razón (sin preocuparse por la verdad objetiva, que es asunto de la lógica), cosa que, sin duda, será tanto más fácil cuando se tenga razón en el asunto mismo“.
Detrás de todos estos apuntes me ha parecido ver buenas intenciones. A saber, que no están escritos tanto para ganar discusiones cuando no tengamos la verdad objetiva de nuestro lado como para conocer estratagemas que otras personas, (”que suelen ser la mayorÃa“, según el autor) podrÃan utilizar al discutir con nosotros.
De las 115 páginas que tiene el ejemplar de Alianza editorial que he leÃdo, sólo 70 han sido escritas por Schopenhauer. No obstante, he de reconocer que en esta ocasion los editores han tenido la delicadeza de añadir sus “artÃculos de opinión” al final del libro y no al principio. Eso sÃ, una vez más, han mantenido incrustadas en el texto palabras en griego y latÃn; cosa totalmente inútil cuando estas palabras pueden ser traducidas. ¿Quiero decir que habrÃa que desterrar dichas palabras? Una vez más, sugeriré que se mantengan; pero en anexos o anotaciones al margen del texto original (que convendrÃa traducir por completo). No cuesta tanto añadir una anotación del tipo: aquà el autor utilizó la expresión “retorsio argumenti” que hemos traducido como “dar la vuelta al argumento”. El texto serÃa mucho más legible.










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