Otra cosa no, pero resulta irónico recibir consejos de felicidad de un pesimista como Schopenhauer. Este libro es una colección de anotaciones a modo de consejos para ser feliz. Son cincuenta los consejos (Schopenhauer los llama “reglas”) que recoge la obra. Entre las anotaciones se encuentran muchÃsimas citas de Séneca y otros filósofos, aunque creo que la que más se repite es una de Aristóteles: “El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor“.
Me da la impresión de que Schopenhauer, condicionado por su pesimismo, ha interpretado mal la sugerencia de Aristóteles. Según Schopenhauer, la felicidad es una ilusión dado que lo único que, digamos, existe, es la ausencia de dolor. No hace falta examinar mucho la cita aristotélica para encontrar una diferencia o, al menos, una diferencia posible entre las dos filosofÃas: de la frase de Aristóteles no puede deducirse que el placer no exista; simplemente que lo prudente es aspirar a la ausencia de dolor.
Profundizando un poco más en esta idea, que creo que es la base de toda la obra, tengo que decir que me parece tan absurdo afirmar que la felicidad no existe más que como ausencia de dolor, como afirmar que el dolor no existe más que como ausencia de felicidad. En este sentido, soy de la opinión de Bertrand Russell: creo que los filósofos pesimistas, más que haberse vuelto pesimistas por haber desarrollado una filosofÃa de la existencia que les llevase a tal tesitura han desarrollado una filosofÃa de la existencia acorde a un pesimismo del que ya eran vÃctimas.
Criticando un poco la edición, de la editorial Herder, no comprendo porqué mantienen en el texto las citas en los lenguajes originales (latÃn, griego, inglés, alemán…). Bueno, puedo comprender que las mantengan (y me parece correcto) pero tendrÃa sentido si las recogiesen en un apéndice (al final) o en anotaciones al margen del texto. Partiendo de la idea de que la mayorÃa de las personas no sabemos latÃn, griego, inglés y alemán (incluso cuando chapurreamos alguno de ellos) puedo afirmar que estas citas entorpecen la lectura a la mayorÃa de los lectores.
Sobre los textos absurdos que algunas editoriales (casi todas) suelen añadir al principio de las obras para difundir con ésta sus opiniones o lo que opinan que es una contextualización necesaria para entenderlas: en este caso, no han querido ser menos y han añadido algunas páginas de más. También, y esto me ha parecido curioso y hasta agradable, han incluÃdo al final una “versión original” de los escritos. Es decir, una versión en alemán y sin anotaciones que respeta el estilo original.
Una curiosidad: este manuscrito ha aparecido recientemente, ¡casi 150 años después de la muerte del autor! Una obra particular. Una rareza, sin duda.










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