Hace algún tiempo, unas amigas me dieron a conocer una campaña que consistía en hacer burla de ciertos libros. La campaña consistía en fotografiar libros casposos reubicándolos en secciones que, pensábamos, les eran más apropiadas. “Cada cosa en su sitio“, se llamaba la campaña. Algunas de las personas que participaron, colocaron “Los príncipes [Felipe y Letizia], preparados para reinar” en la sección de cuentos, o una apología de Franco en la sección de terror, por poner algunos ejemplos.
Aunque puedan parecer centros de culto al intelecto, las librerías están llenas de libros que no echaría de menos si no existiesen. Unos promueven valores intolerantes, intolerables, retrógrados o xenófobos. Otros manipulan discursos eliminando deliberadamente unos datos y exagerando otros para adoctrinar sobre ciertos temas. Algunos difunden ideas totalmente erróneas y unos pocos, simple y llanamente, mienten.
En el Antiguo Testamento, Dios mandó matar a pueblos enteros, incluyendo a sus mujeres y niños. ¿Os animaríais a montar una campaña en Actuable para pedir que dejen de vender la Biblia? Yo, no. Siempre puede venir el iluminado de turno a decir que la biblia ‘hay que interpretarla’ pero claro, eso se puede decir de cualquier libro. Pedir que se retire un libro de una superficie de venta es una forma de censura.
Y utilizar la censura como respuesta social a una práctica indeseable es tan indeseable como la práctica que se quería denunciar.
Imagino que ya sabes por dónde van los tiros.
En Actuable, se ha movido mucho estos días una campaña que pedía a ciertas tiendas la retirada de un libro -evitaré enlazarlo y mencionarlo para no contribuir a su difusión- que, según su autor, ayuda a curar la homosexualidad. Sobra decir que el libro me parece vomitivo y que los efectos de la difusión de sus ideas pueden ser catastróficos. Sin embargo, el compromiso con la defensa de la libertad de expresión me obliga a no salir con el resto del pueblo a pedir que quemen a la bruja. Que sea una bruja de verdad, o no, es irrelevante.
¿Sabes que los Testigos de Jehová tienen materiales para convencer a sus fieles de que no deben aceptar jamás una transfusión de sangre? ¡Ni siquiera deben dejar que se les haga transfusiones a sus hijos e hijas aunque sus vidas dependan de ello! Quien me conoce en persona, sabe que he escogido este ejemplo porque lo he sufrido en mis propias carnes. Aún así, defiendo el derecho de estas secta -y muchas otras- a publicar lo que les venga en gana. Con ciertos límites, sí, pero cuantos menos, mejor.
¿De verdad crees, a estas alturas, que no hay miles de libros -y con esta cifra me quedo peor que muy corto- horripilantes ahí fuera, en nuestras librerías? Incluso mucho peores, si cabe, que el libro de la disputa. Cuando quieras hacemos un tour.
Si aceptas vivir en una sociedad con libertad de expresión, o lo haces sabiendo que tendrás que convivir con cosas que no te gustan, o no lo estás haciendo. Actuable celebra ya el éxito que supone haber conseguido que se retire el susodicho libro de El Corte Inglés y de la Casa del Libro. Yo me estaba preguntando qué sería lo siguiente cuando me llegó una campaña para pedir que se censure una campaña publicitaria de la red de Metro Madrid. Apañaos vamos.
¡Ojo! ¡No digo que no nos movilicemos contra estas cosas! Lo que digo es que escoger bien los objetivos es clave. El fin no justifica los medios. No es lo mismo petarle el correo al autor del libro pidiéndole que se dedique a freír chuchangas -a lo que me habría unido con entusiasmo- que pedir la retirada del libro de las superficies de venta. Como tampoco es lo mismo protestar a metro diciéndole que nos parece vergonzosa su última campaña publicitaria -a lo que también me habría unido como un novelero- que pedir su censura.
Quiero que quede bien claro que no voy a contribuir a movimientos sociales por una sociedad más represiva, que no colaboraré con la censura y que el hecho de que compartamos fines no significa que compartamos medios. No todo vale. He visto gente a la que le han dicho de todo por hacer estas mismas críticas y ese es, precisamente, el motivo por el que me he decidido a escribir este post.
Disculpad si no os he ofendido, era mi intención.











