Hace unas semanas que he empezado mis estudios de física y me ha parecido que sería buena idea leer algo motivador, algo que contagie pasión por la física, por la visión científica, por la investigación y el conocimiento. Estaba casi convencido de que lo mejor sería leer algo de Popper pero encontré este libro y pensé que por el título y por ser Feynman su autor sería un libro muy apropiado. (En realidad este libro es un recopilatorio de artículos, entrevistas y otros textos más que una obra ideada como tal por Feynman. De hecho, muchos de los artículos puenden encontrarse como fragmentos en otras obras.)
El libro comienza con una entrevista para un programa de la BBC (de la que pueden encontrarse algunos fragmentos en Youtube) en la que Feynman explica porqué la visión científica no convierte la belleza de las cosas en algo frío, calculado y distante. Se trata de una respuesta a un comentario de un artista amigo suyo que sosteniendo una flor le decía que como artista podía ver lo bella que era y que él, sin embargo, como científico: “lo desmontas todo y lo conviertes en algo anodino“. Feynman da una respuesta que considero magistral al recordarnos que “no sólo hay belleza en esta escala de un centímetro: hay también belleza en una escala más pequeña, en la escala interna. [...] ¿Existe también ese sentido estético en las formas inferiores? ¿Por qué es estético? Todo tipo de preguntas interesantes que ponen de manifiesto que un conocimiento de la ciencia añade algo a la excitación, el misterio y el respeto por una flor.” (pág. 15, 16)
Resulta divertido (y creo que también ejemplar) ver cómo respondía cuando le preguntaban por el Nobel que recibió. Ya en el primer momento, cuando le llamaron por primera vez en plena madrugada para notificarle que le habían otorgado el premio, no pudo creer que fuese cierto y pidió que le dejasen dormir un poco más. Al ser preguntado por el efecto que el premio tuvo en su vida respondió: “yo ya he tenido mi premio. El premio está en el placer de descubrir, en la excitación del descubrimiento, en observar que otras personas lo utilizan [mi trabajo]: esas son cosas reales, los honores no son reales para mí.” (pág. 23)
Una de las cosas que me han sorprendido (gratamente) de este recopilatorio de artículos es que se incluyen algunos en los que Feynman se sale un poco de sus temas habituales entrando a debatir sobre ciencias sociales: pedagogía, política, relación entre ciencia y religión, etc. Aunque sobre estos temas suelo preferir las ideas de Popper (jejeje) también es cierto que resulta muy interesante conocer la opinión de un científico de la talla de Feynman.
“El conocimiento científico es un poder que capacita para hacer cosas buenas o malas, pero no incluye un manual sobre cómo utilizarlo.” (pág. 116)
Según Feynman (y estoy de acuerdo con él) no es cierto que los científicos piensen o se impliquen poco sobre asuntos sociales. Más bien, lo que pasa es que como científicos saben que no existen soluciones mágicas para este tipo de problemas y que, además, “los problemas sociales son muchos más difíciles que los científicos.” (pág. 115)
Las colaboraciones de Feynman al mundo académico, sus sugerencias sobre cómo enseñar ciencia y sus clases magistrales son quizá una aportación tan valiosa como sus aportaciones a la física teórica. En una ocasión dijo: “Tengo demasiada experiencia en enseñar a estudiantes licenciados en física, y como resultado de dicha experiencia sé que no sé cómo enseñar.” (pág. 139) Sin embargo, había algunas cosas que no soportaba. Por ejemplo, no soportaba que se limitasen las clases de ciencia a enseñar palabras y definiciones:
“Finalmente descubrí una forma de comprobar si uno ha enseñado una idea o si sólo ha enseñado una definición. Compruébenlo de esta forma: ustedes dicen: «Sin utilizar la nueva palabra que acaban de aprender, traten de expresar de otra manera lo que acaban de aprender en su propio lenguaje».” (pág. 145)
Cuando decidí leer este libro lo hice con la intención de leer algo motivador, algo que transmitiese pasión y que contagiase emoción por la razón, por la ciencia y, en concreto, por la física. Mi objetivo fue satisfecho. Sin duda Feynman era especialmente bueno en esto. De hecho, si tuviese que hacer alguna crítica a este libro no sería exactamente una crítica. Lo bueno y lo malo de este libro es que los artículos son en cierto modo inconexos entre sí. La lectura se hace amena, ligera e interesante pero que creo que no sería muy emocionante para quien no conociese a Feynman de antemano.
“Estamos en los primerísimos comienzos de la raza humana. No es irrazonable que tropecemos con problemas. [...] Nuestra responsabilidad como científicos, sabedores del gran progreso y el gran valor de una filosofía satisfactoria de la ignorancia, del gran progreso que es el fruto de la libertad de pensamiento, está en proclamar el valor de esta libertad, enseñar que la duda no debe ser temida, sino bienvenida y discutida, y exigir esta libertad como nuestro deber para con todas las generaciones venideras.” (pág. 121)









