Entradas de December 2006
22 de December de 2006 ·
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Autor(a): Pedro Miguel González Urbaneja
Título: El filósofo del número
ISBN-10: 8496566587
ISBN-13: 978-8496566583
En una frase: "Podríamos calificar de pitagórica la fe que ha presidido la tarea humana de ir haciendo comprensible para el hombre el cosmos global que ha inspirado toda la actividad científica durante los últimos 2500 años."
Antes de leer este libro no tenía ni idea de cuánto ignoraba sobre el pitagorismo. Como todo el mundo, había oído hablar de un tal Pitágoras. Sabía que había sido uno de los primeros estudiosos de la música (si no el primero), que muchos lo consideran padre de la cultura occidental y que la ecuación que iguala el cuadrado de la hipotenusa a la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es conocida como “teorema de Pitágoras”.

No sabía yo, por ejemplo, que la escuela pitagórica había sido tan mística y que había tenido un carácter religioso tan fuerte. Otras escuelas griegas, como la aristotélica y la platónica, también tenían un importante fondo místico y religioso. Sin embargo, sólo en la pitagórica se entraba por la vía religiosa y era ésta la que llevaba al estudio como una vía de purificación espiritual.
En muchas ocasiones he oído argumentar que se considera a los griegos padres de nuestra cultura occidental porque fueron los primeros en separar el pensamiento supersticioso del científico. Estoy de acuerdo sólo con parte de este argumento. Como escéptico, me gustaría creer que nuestra ciencia nació del escepticismo pero no hay nada más lejos de la realidad. Los pitagóricos son buena muestra de ello. Muchos de los más grandes científicos de la historia han sido declaradamente místicos y religiosos. En cambio, sí que acepto la proposición contraria. Fue la ciencia la que parió al escepticismo y éste, como buen hijo agradecido, defiende a su madre… sólo que, a veces, renegando de sus orígenes.
Si hay un motivo por el que sí que considero que los griegos pueden ser considerados padres de la cultura occidental es el que defiende González Urbaneja cuando dice: “La matemática anterior a los griegos tiene un carácter meramente instrumental como medio para resolver problemas prácticos, mientras que para éstos la ciencia es un fin en sí misma“. Este libro combina una apasionante contextualización histórica con razonamientos matemáticos. En cuanto a los razonamientos y a las demostraciones: la mayoría de ellas son formuladas desde el prisma de la geometría, de manera que es más fácil comprender no sólo los teoremas mismos sino la forma en que fueron concebidos.
Los pitagóricos hacían gala de un secretismo sectáreo y atribuían todos (o al menos gran parte) de sus descubrimientos a Pitágoras. De ahí, que sea tan difícil saber qué es realmente atribuible a su figura y qué no. En cualquier caso, no creo que éste sea asunto de gran relevancia. Lo que sí me parece relevante es la base que sentó el pitagorismo en tres materias (que ellos consideraban una sóla): las matemáticas, la filosofía y la religión. En cuanto a las dos primeras, se atribuye al propio Pitágoras los términos matemáticas (lo que se puede conocer) y filosofía (amor por la sabiduría). En cuanto a la religión, ya conocía la decisiva influencia de Platón en el cristianismo pero después de leer este libro coincido con Bertrand Russell cuando dijo: “lo que aparece como platonismo resulta, después de analizarlo, esencialmente pitagorismo“.
La imagen que me hago de Pitágoras es tal que no puedo evitar pensar que los cristianos hicieron de Cristo un líder inspirándose en su figura. Aunque con una significativa diferencia: ¡no tenemos noticias de que Cristo tuviese nociones de geometría! (Quizá por eso inventaron para él una historia llena de magia y milagros.)
“Podríamos calificar de pitagórica la fe que ha presidido la tarea humana de ir haciendo comprensible para el hombre el cosmos global que ha inspirado toda la actividad científica durante los últimos 2500 años.“
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Categoría: Crítica literaria |
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15 de December de 2006 ·
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Autor(a): Arthur Schopenhauer
Título: El arte de ser feliz
ISBN-10: 8425421241
ISBN-13: 978-8425421242
En una frase: Soy de la opinión de Bertrand Russell: creo que los filósofos pesimistas, más que haberse vuelto pesimistas por haber desarrollado una filosofía de la existencia que les llevase a tal tesitura han desarrollado una filosofía de la existencia acorde a un pesimismo del que ya eran víctimas.
Otra cosa no, pero resulta irónico recibir consejos de felicidad de un pesimista como Schopenhauer. Este libro es una colección de anotaciones a modo de consejos para ser feliz. Son cincuenta los consejos (Schopenhauer los llama “reglas”) que recoge la obra. Entre las anotaciones se encuentran muchísimas citas de Séneca y otros filósofos, aunque creo que la que más se repite es una de Aristóteles: “El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor“.
Me da la impresión de que Schopenhauer, condicionado por su pesimismo, ha interpretado mal la sugerencia de Aristóteles. Según Schopenhauer, la felicidad es una ilusión dado que lo único que, digamos, existe, es la ausencia de dolor. No hace falta examinar mucho la cita aristotélica para encontrar una diferencia o, al menos, una diferencia posible entre las dos filosofías: de la frase de Aristóteles no puede deducirse que el placer no exista; simplemente que lo prudente es aspirar a la ausencia de dolor.
Profundizando un poco más en esta idea, que creo que es la base de toda la obra, tengo que decir que me parece tan absurdo afirmar que la felicidad no existe más que como ausencia de dolor, como afirmar que el dolor no existe más que como ausencia de felicidad. En este sentido, soy de la opinión de Bertrand Russell: creo que los filósofos pesimistas, más que haberse vuelto pesimistas por haber desarrollado una filosofía de la existencia que les llevase a tal tesitura han desarrollado una filosofía de la existencia acorde a un pesimismo del que ya eran víctimas.
Criticando un poco la edición, de la editorial Herder, no comprendo porqué mantienen en el texto las citas en los lenguajes originales (latín, griego, inglés, alemán…). Bueno, puedo comprender que las mantengan (y me parece correcto) pero tendría sentido si las recogiesen en un apéndice (al final) o en anotaciones al margen del texto. Partiendo de la idea de que la mayoría de las personas no sabemos latín, griego, inglés y alemán (incluso cuando chapurreamos alguno de ellos) puedo afirmar que estas citas entorpecen la lectura a la mayoría de los lectores.
Sobre los textos absurdos que algunas editoriales (casi todas) suelen añadir al principio de las obras para difundir con ésta sus opiniones o lo que opinan que es una contextualización necesaria para entenderlas: en este caso, no han querido ser menos y han añadido algunas páginas de más. También, y esto me ha parecido curioso y hasta agradable, han incluído al final una “versión original” de los escritos. Es decir, una versión en alemán y sin anotaciones que respeta el estilo original.
Una curiosidad: este manuscrito ha aparecido recientemente, ¡casi 150 años después de la muerte del autor! Una obra particular. Una rareza, sin duda.
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Categoría: Crítica literaria |
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9 de December de 2006 ·
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Autor(a): Stephen Hawking & Leonard Mlodinow
Título: Brevísima historia del tiempo
ISBN-10: 8484326373
ISBN-13: 978-8484326373
En una frase: Si algo serio puedo decir de este libro es que es una obra de divulgación científica brillante. Repasa de forma amena y con ejemplos muy sencillos diferentes formas de ver el universo que han ido sucediéndose a lo largo de los años. Desde las ideas de Aristóteles hasta las de Einstein.
Aunque no quiero entretenerme mucho hablando sobre los autores sí que quiero recordar que, últimamente, Hawking se ha lucido con más de una declaración apocalíptica. Primero fue con una carta catastrofista advirtiendo el más que probable, en su opinión, fin de la especie humana en pocos años debido a la amenaza nuclear y al calentamiento global. A las pocas semanas volvió a la carga con nuevas declaraciones más catastrofistas si cabe. Esta vez diciendo que debíamos ir pensando en conquistar otros planetas si queríamos evitar la extinción y que necesitaba viajar al espacio para poder trabajar sus propuestas. Ya de paso, insinuó que aceptaría un viaje si se lo propusiese el director -o presidente, no recuerdo bien- de una famosa agencia de turismo espacial. A mí me suena que todo esto no ha sido más que una estratagema para conseguir que le regalasen un “viaje a las estrellas”. En cualquier caso, la estratagema le ha funcionado y viajará “a los confines de la atmósfera”, así que tan tonto no será. Me gustaría decir, como desahogo, que Hawking ha sido el científico al que más disparates se han publicado a lo largo de todo el siglo XX y lo que va de XXI pero considero que esta afirmación sería una falta de respeto, así que mejor no diré nada.
Dejando mis delirios de lado, si algo serio puedo decir de este libro es que es una obra de divulgación científica brillante. Repasa de forma amena y con ejemplos muy sencillos diferentes formas de ver el universo que han ido sucediéndose a lo largo de los años. Desde las ideas de Aristóteles hasta las de Einstein. ¿Cómo pudo Aristóteles, más de 300 años a.C., saber que la tierra era redonda? La explicación es bastante sencilla: observó que la sombra que la tierra proyectaba sobre la luna durante los eclipses lunares era siempre redonda. También dedujo que si la tierra fuese plana, al acercarse un barco desde el horizonte debería aparecérsenos como un pequeño punto que iría aumentando de tamaño. Sin embargo, primero se nos aparecen las velas y luego el casco. Con explicaciones y ejemplos tan sencillos como éstos son repasadas las teorías de, entre otros, Aristóteles, Kepler, Newton y Einstein.
Éste es uno más de entre los libros que tratan la “unificación de la física”; que parece ser el tema de moda. La física de hoy es una gran tómbola a la que todos los físicos quieren jugar. Se sortea un reconocimiento sin precedentes y, como pasa con cualquier sorteo, más vale tener una participación.
Hawking es muy dado a meter a Dios en sus discursos. Lo curioso es que él mismo conoce el principio de economía y sabe que -independientemente de que se crea o no en Dios- mencionarlo en un libro de física está totalmente fuera de lugar. Me pregunto por qué, entonces, lo sigue metiendo.
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Categoría: Crítica literaria |
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