@carloscapote.com - Probablemente, el sitio web más aburrido de todo Internet

Entradas de August 2006

Una mala nomenclatura

27 de August de 2006 · 1 comentario

Pasó por mis manos algo curioso. Mantenía su aspecto aunque lo mirase desde el ángulo más insospechado. Podía pasarme horas maravillado girándolo y examinando su superficie. No es de extrañar que al perro le fascinase de igual manera. Probé a lanzarlo para comprobar si mantenía su aspecto conforme se alejaba. Un gran regocijo me invadió al ver cómo se comportaba el extraño elemento al entrar en contacto con el suelo. Al tiempo que se alejaba describía una trayectoria curva. Impactaba con la superficie lisa enmoquetada, ascendía hasta un determinado punto y comenzaba un nuevo descenso. La máxima altura alcanzada con respecto al suelo por las curvas disminuía con cada impacto. Después de un número indeterminado de impactos contra el suelo, el objeto se detuvo.

Tras la insistencia de mis padres, mi hermana mayor, mi abuela y algunos individuos más que no pude identificar jamás, comprendí que el sonido “pelota” hacía referencia al mágico objeto. Me pareció una idea genial la de asignar sonidos, luego supe que se llamaban nombres, a los objetos. Unas semanas de prácticas me convirtieron en un experto hablador, aunque mi vocabulario era por aquel entonces de una sóla palabra, o más bien, media.

Una vez aprendida la lógica del sistema de identificación sonora gracias al ejemplo de la pelota, me resultó sencillo comprender que casi todas las cosas habían sido ya bautizadas. El sistema empezó a disgustarme en este momento, porque no comprendía la necesidad de asignar nombres a todas las cosas. Biberón, perro, abuela o pelota eran dignos de ser distinguidos de otras existencias insignificantes como fachada, neumático, cable o gotera. Estos últimos no merecían nombre.

Las experiencias me hicieron comprender, o quizá sólo aceptar, que los nombres eran cajas vacuas y no otorgaban ningún grado de distinción a quienes los poseían. Biberón perdió su dignidad cuando supe que las botellas con pezones de otros bebés recibían el mismo nombre. También sus esféricos juguetes botantes se llamaban pelotas y, ¡dios mío!, incluso las simpáticas señoras mayores que les hacían muecas se llamaban también abuelas.

Me sentí desengañado a la vez que orgulloso. Desengañado porque la nomenclatura no servía para distinguir inequívocamente unas cosas de otras, más bien, servía para clasificarlas en base a determinadas características. Así, mi pelota, que para mí había sido durante un tiempo el único ente del mundo con nombre, era ahora un ente más, con un nombre que debía de compartir con todas las pelotas conocidas y por conocer. Y orgulloso, porque las contadas palabras que conformaban mi vocabulario cubrían un espectro infinitamente superior al que yo habría podido imaginar en primera instancia. Ahora sabía como llamar a un perro cualquiera aunque fuese la primera vez que lo veía. Perro.

El sistema de nombres era y es un sistema en exceso autoritario. Las cosas ya tienen un nombre asignado cuando uno nace, de manera que al recién llegado al mundo sólo le queda la resignación. Así es como empiezan las preguntas. Basta con mirar a un adulto, señalar un objeto, y emitir ese sonido que corresponde a un interrogante sin pregunta que sólo los bebés saben pronunciar correctamente. El adulto en cuestión, al tiempo que siente reafirmada su superioridad y sabiduría, pronuncia de inmediato el sonido deseado. Es un mecanismo infalible para aprender los nombres de las cosas. En unos minutos puedes recorrer por completo una habitación obteniendo los nombres de cada cosa, por insignificante que sea o parezca. A pesar de todo, las prácticas han demostrado que es conveniente disponer de más de un adulto para realizar este tipo de tareas. Se cansan con extrema facilidad.

Una vez aprendido el concepto bebé, comprendí aquello que más tarde supe que constituía las bases filosóficas del altruismo. Yo era un bebé. Y cada uno de esos especímenes pequeños que caminaban torpemente, se alimentaban de biberones y lloraban sin parar, eran también bebés. Yo como uno más. Los demás como muchos yo.

Me llamaban Caco. Así que supuse que Caco sería un sinónimo de bebé. Cual fue mi sorpresa cuando me corrigieron por llamar Caco a cada uno de los bebés del parque. Me costó algún tiempo y esfuerzo comprender que existían un tipo de nombres específicos, los nombres propios, para cada individuo. Aberración. ¿Por qué, entonces, crear nombres no específicos? ¿Dónde reside la necesidad de categorizar? Mi pelota merecía un nombre que la distinguiese de cualquier otro ente en el universo. Lo que no merecía era ser humillada etiquetándola con un nombre que debía compartir con un número innumerable de bolas de material elástico. Cuando algo no tiene nombre específico es reducido a una instancia de una categoría previamente establecida. No tiene identidad. No es nada.

En un acto de solidaridad, me dediqué a asignar nombres propios a todo aquello que parecía merecerlo. Los bigotes de la gata, por ejemplo, merecían ser identificados. De no ser así, serían sólo los bigotes de un felino más.

Una vez más el mundo cayó sobre mí con todo su peso. Cuando había aprendido los nombres específicos de casi todas las personas que existían de forma permanente, mi padre, mi madre, la abuela, mi hermana, el perro y el gato, e incluso el de algunas de esas personas que existían de forma esporádica -como esas que sólo existían cuando yo las veía en el parque- sucedió la catástrofe.

Los nombres específicos habían sido mi salvación. El mundo me parecía un lugar habitable gracias a ellos. ¿Cómo pretendían ahora que aceptase la existencia de dos seres con un mismo nombre propio? Los nombres no específicos tenían la utilidad de categorizar, los específicos la de identificar. Un nombre propio repetido constituía la aberración de una aberración. No tenía utilidad alguna.

Si aceptaba esta premisa, los nombres específicos, o propios, ya no serían lo que eran. La tarea de asignar nombres específicos a las cosas perdía toda su utilidad si éstos no eran únicos. Un nombre no específico nunca otorgó identidad pero fue útil para clasificar. Un nombre específico no único, ni sirve para clasificar, ni otorga identidad. Es sólo una costumbre. Todo aquello que hube bautizado para salvarlo de la inexistencia, volvió a no existir. La pelota, los bigotes de la gata e incluso yo, de nuevo, no somos nada.

Enlace corto:http://capo.gl/4w | Categoría: Cuentos y poemas | Tags:

→ 1 comentario

Proceso de paz

22 de August de 2006 · Sin comentarios

A mí me enseñaron que el terrorismo consistía en la dominación mediante el terror. En su último comunicado, ETA advierte de que “responderá” si continúan los “ataques contra los ciudadanos vascos”. En mi humilde opinión, este comunicado, en tanto que amenaza, no es otra cosa que un acto terrorista.

Debe quedar claro de una vez que si se frustra el proceso de paz, los únicos culpables son los terroristas, encapuchados a quienes se les llena la boca reclamando un “marco democrático” mientras matan a demócratas que no comparten sus ideales, si es que los terroristas tienen ideales. Es de una terrible falta de ética y sentido común que perdamos el tiempo culpándonos unos a otros por nuestras respectivas posiciones, sean éstas abiertas o no al diálogo.

Ahora más que nunca, nuestras prioridades y nuestros valores deben estar claros: condenamos la violencia. Cuando dedicamos más tiempo a criticar a quienes no opinan como nosotros en cuanto a si se debe establecer un diálogo o no que a quienes ejercen el terrorismo, estamos cometiendo un grave error y haciendo un flaco favor a la democracia.

Carta al Director de El País publicada el 22 de agosto de 2006.

Enlace corto:http://capo.gl/6p | Categoría: Cartas a medios | Tags: · ,

→ Sin comentarios

Por qué no soy cristiano.- Bertrand Russell

21 de August de 2006 · 13 comentarios

Por qué no soy cristianoAutor(a): Bertrand Russell
Título: Por qué no soy cristiano
ISBN-10: 8435027015
ISBN-13: 978-8435027014
En una frase: "Lo que el mundo necesita no es dogma, sino una actitud científica, combinada con la creencia de que la tortura de millones de personas no es deseable, ya la inflija Stalin o una deidad imaginada a semejanza del creyente."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.

Cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la obra de Russell y, por tanto, con él mismo, sabrá que se trataba de una persona tan inteligente como preocupada por la moral. Sus palabras no eran sólo retórica como demuestra su historial de activismo pacifista. Me atrevo a decir que una frase suya resume a la perfección toda su filosofía: “La buena vida es una vida inspirada por el amor y guiada por el conocimiento”.

Por qué no soy cristiano no es una obra planificada como tal. Más bien, se trata de una recopilación de diferentes charlas y artículos en los que el filósofo trata temas relacionados con la teología y la moral basada en dogmas. Algunos de sus puntos de vista sobre las religiones y el dogmatismo pueden parecer desmedidos pero al contextualizarlos se aprecia en ellos una gran templanza.

Es indudable que, a lo largo del siglo XX, esta obra ha sido una de las más influyentes en lo que a teología (o más bien ateología) se refiere. No en vano, ha sido seguida de obras como: ¿Por qué soy cristiano? ¿por qué todavía soy cristiano? ¿por qué aún soy cristiano? ¿por qué no soy musulmán? y tantas otras…

Al hablar sobre el pensamiento fundamentalista Russell acostumbra a ser neutro y tratar por igual cualquier tipo de corriente de pensamiento basada en dogmas. Así pues, afirma, (con gran acierto a mi entender) que las atrocidades cometidas por los comunistas de mano de Stalin, por los nazis de mano de Hitler, o por la Iglesia de mano de la Inquisición, en el fondo, tienen las mismas bases.

“Lo que el mundo necesita no es dogma, sino una actitud científica, combinada con la creencia de que la tortura de millones de personas no es deseable, ya la inflija Stalin o una deidad imaginada a semejanza del creyente.”

La recopilación de artículos se abre con uno que lleva el mismo nombre que el libro, o quizá debería decir: con el artículo que le da nombre. Éste es quizá uno de los más interesantes, siendo en él donde Russell trata algunos temas tan interesantes como la existencia de Dios o los defectos de las enseñanzas de Cristo.  También reseñable es la transcripción del debate radiado entre Bertrand Russell y el padre F. C. Copleston, donde debatían sobre la existencia de Dios desde un punto de vista filosófico y moral. Por último, me parece muy de agradecer, por la labor de contextualización que supone, la inclusión de un capítulo dedicado a explicar cómo evitaron los conservadores que Russell diese clases en la Universidad de la ciudad de Nueva York.

Como suele pasar con sus obras, su lenguaje claro y directo, su capacidad para la ironía y la inteligencia que hay detrás de sus pensamientos hacen de ésta una lectura interesante, asequible a todos los públicos y divertida.

¡Puaj! esto último me ha quedado asquerosamente publicitario.

Enlace corto:http://capo.gl/12 | Categoría: Crítica literaria | Tags:

→ 13 comentarios

De la tolerancia.- Carlos Thiebaut

11 de August de 2006 · 1 comentario

De la toleranciaAutor(a): Carlos Thiebaut
Título: De la tolerancia
ISBN-10: 8477745994
ISBN-13: 978-8477745990
En una frase: "La tolerancia es el valor que apreciamos cuando nos remitimos a la convivencia con gentes distintas a nosotros en algunos aspectos y cuando consideramos esa convivencia como un bien."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.

Un pequeño libro para un gran tema. Ya sé que no es una frase muy original para abrir una crítica; o, mejor dicho, más que una crítica, un comentario. Pero no miento si digo que es exactamente lo que me ha venido a la cabeza. Carlos Thiebaut, catedrático de filosofía en la Carlos III de Madrid, nos ofrece que le acompañemos a lo largo de un pequeño viaje que consiste en reflexionar, no muy ordenadamente, sobre el concepto tolerancia. ¿Qué es? ¿cómo nació? ¿qué tiene de objetivo? ¿y qué de subjetivo? ¿debemos ponerle límites a la tolerancia?

Un daño puede estar ahí pero hasta que no empezamos a percibirlo como tal no reaccionamos contra él. “No vemos el daño si no percibimos la posibilidad de no dañar”. Esta es una de las claves que el catedrático apunta sobre el origen de la tolerancia. Algo que sin duda ha sido acontecimiento de gran influencia en el origen de la tolerancia (al menos, tal y como hoy la conocemos) han sido las sucesivas divisiones y enfrentamientos que ha protagonizado y sufrido la Iglesia Católica en Europa durante los últimos tres o cuatro siglos. Estos acontecimientos han provocado simultáneamente la necesidad de tolerar y la de ser tolerados.

De lo dicho se puede deducir que el autor defiende un concepto de la tolerancia relacionada inseparablemente con la configuración de un espacio público de convivencia. A esta tolerancia la llama tolerancia negativa y la define como una tolerancia basada en la contención, en soportar las diferencias como respuesta a una necesidad. Ha sido sólo cuestión de tiempo que empezásemos a cuestionar ese modelo de tolerancia para plantear uno basado en la comprensión del otro. Este modelo recibe del autor el nombre de tolerancia positiva.

Pero la concepción de un espacio público que tolere las diferencias presenta algunas paradojas. ¿Deben especificarse límites a la tolerancia? Es evidente que sí. Aunque muchos se olviden llegado este punto del razonamiento de que la tolerancia que estamos estudiando surgió del rechazo de aquello que considerábamos dañino, esta idea es uno de los pilares de nuestra argumentación. No establecer límites a la tolerancia supondría considerar aceptables determinadas acciones que pueden suponer dañinas; y la tolerancia surgió precisamente para evitarlas.

A estas alturas de la reflexión parece evidente que no todo es tolerable. La cuestión ahora no es si todo es tolerable o no sino qué es tolerable y qué no. Echo de menos que el autor concrete algunas de las abstracciones que hemos definido en ejemplos sobre lo que considera tolerable y lo que no. Dado que precisamente es en los casos reales donde empiezan a presentarse los conflictos de opinión. (No obstante, no dudo en recomendar esta lectura.)

Enlace corto:http://capo.gl/3k | Categoría: Crítica literaria | Tags:

→ 1 comentario

Introducción a una estimativa.- José Ortega y Gasset

7 de August de 2006 · 2 comentarios

Introducción a una estimativaAutor(a): José Ortega y Gasset
Título: Introducción a una estimativa
ISBN-10: 8474907101
ISBN-13: 978-8474907100
En una frase: En mi opinión esta obra es un desatino; pero un desatino interesante. O eso o no he entendido ni una sóla palabra (cosa que, por supuesto, es bastante probable). Y para, regocijo de los vagos, diré que se trata de una obra de sólo 40 páginas.

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:3 sobre 5.

He de reconocer que el reto al que se enfrenta Ortega y Gasset en Introducción a una estimativa es un reto tan arriesgado como original. El filósofo español se propone estudiar y definir el concepto valor pero no en lo que se refiere a valores morales, económicos, o estéticos; sino al concepto de valor en general. Sin duda la abstracción de la obra la convierte en una rareza singular e interesante.

Según el filósofo madrileño, “los valores son algo objetivo y no subjetivo”. Como ejemplo cita las palabras de Héctor en Troilo y Crésida, de Shakespeare. Troilo pregunta a Héctor qué valor tienen las cosas más allá del que nosotros les damos, Héctor responde: “el valor no depende de la querencia individual; tiene su propia estimación y dignidad, que le compete no menos en sí mismo que en la apreciación del hombre”.

Ésta es una pequeña obra en la que Ortega y Gasset intenta demostrar que el valor de las cosas no es el que le damos sino que las cosas tienen valores por sí mismas. No debo haber entendido muy bien la idea que propone la obra porque la frase de Shakespeare parece indicar todo lo contrario. Después de todo, Héctor no dice que las cosas no tengan valor por sí mismas sino que los valores de las cosas tienen un componente objetivo y uno subjetivo, ¡y que no debemos menospreciar uno frente al otro!

En mi opinión esta obra es un desatino; pero un desatino interesante. O eso o no he entendido ni una sóla palabra (cosa que, por supuesto, es bastante probable). Y para, regocijo de los vagos, diré que se trata de una obra de sólo 40 páginas.

Enlace corto:http://capo.gl/1j | Categoría: Crítica literaria | Tags:

→ 2 comentarios

Penas del joven Werther.- Johann W. von Goethe

5 de August de 2006 · 10 comentarios

Penas del joven WertherAutor(a): Johann W. von Goethe
Título: Penas del joven Werther
ISBN-10: 8424923561
ISBN-13: 978-8424923563
En una frase: "La inmensa mayoría emplea casi todo su tiempo en trabajar para vivir, y la poca libertad que les queda, les asusta tanto que hacen lo posible por perderla."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.

Si tuviese que escoger entre una obra de Crichton y una de Goethe no lo dudaría un segundo. Hace ya unos meses que ando entretenido leyendo ensayos científicos, cuando no políticos, y ya echaba de menos tener una novela entre mis manos. Alguien, no recuerdo quién, dijo que para ser un buen escritor son necesarias dos cosas: tener algo que decir, y decirlo bien. No me cabe duda de que esta afirmación tiene fundamentos. Con el tiempo he comprendido que es imposible que un escritor dé vida a un personaje más inteligente o emocional que él mismo.

Goethe pone en boca de sus personajes reflexiones que sin duda han pasado primero por su cabeza, así pues, podemos encontrar pequeñas joyas como la reflexión que escribe el joven Werther en una carta a su amigo Guillermo: “La inmensa mayoría emplea casi todo su tiempo en trabajar para vivir, y la poca libertad que les queda, les asusta tanto que hacen lo posible por perderla”.

Ésta no es una reflexión aislada. Goethe utiliza las tramas y personajes de la obra como canal para expresar distintas ideas sobre las organizaciones sociales, la literatura, el suicidio, las verdades o el amor. Pese a ser una novela clave del romanticismo alemán y proclamar sin dudarlo la supremacía de los sentimientos sobre la razón encontramos pensamientos tan racionales como el de Werther sobre las primeras impresiones, cuando dice: “el hombre está hecho de tal modo, que llega a persuadirse de las cosas más extrañas; y desde luego, se graban en él tan profundamente, que infeliz el que pretenda destruirlas o borrarlas”.

Penas del joven Werther es la historia de un amor imposible. Según dicen, la historia está inspirada en raíces autobiográficas. Charlotte Buff estaba ya prometida cuando Goethe, que acababa de cambiar de ciudad, se enamora de ella. Es más que una coincidencia que la mujer de la que se enamora Werther en esta novela, precisamente después de cambiar de ciudad, también esté prometida y se llame Charlotte (Carlota).

Además de un clásico de la literatura universal, Penas del joven Werther se conviertió en un bestseller. Dicen que llegó a desarrollarse todo un merchandising alrededor de la historia. ¡Hasta se comercializó un perfume! (Algo así como “Agua de Werther”. Que, por cierto, en español suena genial.)

Enlace corto:http://capo.gl/g | Categoría: Crítica literaria | Tags:

→ 10 comentarios

El error de Descartes.- Antonio Damasio

2 de August de 2006 · 34 comentarios

El error de DescartesAutor(a): Antonio Damasio
Título: El error de Descartes
ISBN-10: 8484321843
ISBN-13: 978-8484321842
En una frase: "No es sólo la separación entre mente y cerebro la que es mítica: la separación entre mente y cuerpo es, probablemente, igual de ficticia. La mente forma parte del cuerpo tanto como del cerebro."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.

Hace cosa así como un mes y medio leí En busca de Spinoza, de Antonio Damasio. Si en tan poco tiempo me decidido a leer una nueva obra suya… es porque me dejó fascinado.

Al principio me preocupaba ser víctima de esa vieja costumbre que todos tenemos de leer libros de aquellos autores que sostienen las mismas teorías que nosotros. De esta manera nos reafirmamos y nos sentimos más seguros de nuestras ideas. En cierto modo, nos radicalizamos. Esta es una práctica tan extendida como irracional. Ya nos dijo Stuart Sutherland (y Karl Popper años antes) que para evaluar la veracidad de una hipótesis el primer paso es buscar argumentos en contra y no al revés, como solemos hacer.

Dos cosas me han dejado más tranquilo. En primer lugar, la sensatez con que Damasio expone sus teorías. Sin dogmas, nunca afirmando, sólo formulando hipótesis. En segundo lugar, la solidez y el detalle de sus argumentos. Mis ideas no se han radicalizado. No estoy más convencido que antes de que cuerpo, cerebro y mente son inseparables. Más bien, estoy igual de convencido. Eso sí, ahora tengo más argumentos en favor de esta hipótesis.

El error de Descartes expone las teorías de Damasio sobre las bases bioquímicas y neurales de las emociones y los sentimientos con más detalle que su obra posterior dedicada a Spinoza. Ambas obras giran en torno a los mismos conceptos pero en este caso, la exposición de argumentos es mucho más extensa. Con razón, la obra también lo es. Dicho sea de paso, el neurólogo de origen portugués ha vuelto a cumplir con su tradición (afortunadamente extendida en el gremio) de regalarnos nada menos que 17 páginas de notas y referencias bibliográficas.

Si tuviese que explicar en pocas palabras la idea general que transmite el libro seleccionaría la siguiente conclusión: “No es sólo la separación entre mente y cerebro la que es mítica: la separación entre mente y cuerpo es, probablemente, igual de ficticia. La mente forma parte del cuerpo tanto como del cerebro”. A quien esté interesado en conocer los razonamientos que dan lugar a esta hipótesis le recomiendo sin dudarlo la lectura de la obra completa.

Hay quienes se preguntan si este tipo de investigaciones y sus conclusiones insinúan que el amor, la generosidad, la bondad, etc. son sólo el resultado de la regulación neurobiológica orientada a la supervivencia. A estas cuestiones, Damasio responde: “Indudablemente, no es así. [...] La magnitud del sentimiento y la belleza del mismo no se ponen en peligro si nos damos cuenta de que la supervivencia, el cerebro y la buena educación tienen mucho que ver con las razones por las que experimentamos dichos sentimientos”.

Enlace corto:http://capo.gl/6 | Categoría: Crítica literaria | Tags:

→ 34 comentarios