Entradas de July 2006
15 de July de 2006 ·
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Autor(a): Immanuel Kant
Título: Sobre la paz perpetua
ISBN-10: 8420673382
ISBN-13: 978-8420673387
En una frase: Immanuel Kant escribió esta obra nada menos que en 1795. Hoy han pasado más de 210 años. No fue el primero en hablar sobre paz perpetua pero sí el primero, al menos que yo sepa, que trató el tema con rigor, analizándolo no como una utopía sino como una posibilidad.
Immanuel Kant escribió esta obra nada menos que en 1795. Hoy han pasado más de 210 años. No fue el primero en hablar sobre paz perpetua pero sí el primero, al menos que yo sepa, que trató el tema con rigor, analizándolo no como una utopía sino como una posibilidad.
Sobre la paz perpetua es un tratado en el que se analizan algunos puntos clave que deben darse para poder hablar de paz perpetua. No en vano, comienza con una de las frases más famosas de Kant: “no debe considerarse válido ningún tratado de paz que se haya celebrado con la reserva secreta sobre alguna causa de guerra en el futuro”.
La propuesta de Kant para lograr la paz perpetua se basa en la creación de una federación de Estados independientes. Cada uno de éstos, a su vez, debe ofrecer las garantías de un Estado de Derecho y sustentarse en una constitución republicana, es decir, que garantice la libertad de sus ciudadanos, asegure la dependencia de todos respecto a una misma legislación, y defienda la igualdad de sus súbditos. De estas ideas, se puede deducir una idea que aparece constantemente a lo largo de la obra: la paz no es el estado natural del hombre y, en consecuencia, debe ser instaurada.
En un interesante argumento sobre la ciudadanía activa y el republicanismo, Kant dice que el ciudadano debe actuar como colegislador, tomando parte en la dirección de la sociedad a la que pertenece. Cierto es que algunas afirmaciones del texto deben leerse con prudencia y no interpretarse literalmente, dado que las circunstancias sociopolíticas del siglo XVIII no son las mismas que las del siglo XXI.
Uno de los puntos clave que señala Kant, es que “ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución y gobierno de otro”. No puedo evitar que esta frase me traiga a la cabeza las estrategias de EEUU en Irak, donde ha establecido a su antojo un gobierno títere, que sin duda servirá a sus intereses en el mercado de los hidrocarburos como ya hicieran las repúblicas bananeras en el mercado agrario.
Han pasado más de dos siglos desde que Kant estudiase las bases para la paz perpetua. La federación de Estados parecía una utopía. No obstante, hoy existe la ONU que, pese a ser una organización “mejorable” (en especial su Consejo de seguridad), es un punto de partida. Quizá sean necesarios aún otros doscientos años para que la paz perpetua, que muchos vemos ya como una posibilidad y no como una utopía, sea vista de igual manera de forma extendida.
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Categoría: Crítica literaria |
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7 de July de 2006 ·
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Autor(a): Ayaan Hirsi Ali
Título: Yo acuso
ISBN-10: 8481095788
ISBN-13: 978-8481095784
En una frase: "La crítica al Islam no implica un rechazo de sus creyentes, sino sólo de aquellos conceptos que, convertidos en actos reales, pueden tener consecuencias inhumanas".
Según Amnistía Internacional, “cada minuto cuatro niñas son víctimas en el mundo de la mutilación total o parcial de sus genitales”. No hay lugar a relativismos morales cuando las víctimas, de entre cuatro y diez años, ascienden a dos millones al año; una niña cada quince segundos. Ayaan Hirsi Ali fue forzada a la ablación por su abuela. Su hermana, que sufría ataques psicóticos, llegó a ser atada y golpeada sin recibir nunca tratamiento porque su familia creía que había sido embrujada. Ayaan también fue forzada a casarse con un primo suyo al que no conocía. Un día pensó que quizá las relaciones con Dios no debían basarse en el miedo y que Muhammad (Mahoma) podría no ser infalible: “me llevaron ante los tribunales para prohibirme ser crítica con la fe en la que había nacido”. Hubo incluso quien decía que merecía la muerte.
Ayaan Hirsi Ali ha sido, hasta hace poco, diputada del parlamento holandés. Cuando llegó a Holanda falsificó algunos datos en su solicitud de asilo; algo que, tiempo después, la oposición ha utilizado para hacerle perder su nacionalidad holandesa y, con ella, su cargo de diputada.
Es un personaje controvertido como pocos. Muchos la acusan de islamófoba y ella se defiende argumentando que “la crítica al Islam no implica un rechazo de sus creyentes, sino sólo de aquellos conceptos que, convertidos en actos reales, pueden tener consecuencias inhumanas”.
Pese a que las obras de Ayaan puedan ser utilizadas o, al menos, bien recibidas por los islamófobos (ávidos de cualquier material crítico con el Islam), la autora tiene claro que su libro no va dirigido a ellos. Más bien, va dirigido a quienes se enfrentan al dilema de: “¿cómo pueden por un lado conservar una sociedad abierta, tolerante y basada en los derechos, combatir la extrema derecha y la intolerancia religiosa, y por otro lado ayudar a los musulmanes en su proceso de Ilustración?”.
Yo acuso es un libro de mil caras. En él, Hirsi Ali nos ofrece desde relatos autobiográficos hasta enfoques políticos (controvertidos, eso sí) para combatir la ablación pasando por una carta dirigida a las musulmanas que se sientan oprimidas en sus entornos y sientan la necesidad de huir. (Les da consejos sobre cómo hacerlo.)
Considero lícito no compartir determinadas ideas con la autora. (Partidaria de la prohibición del velo en las aulas que acusó de cobardes a algunos periódicos que no publicaron las famosas “viñetas de Mahoma”.) Sin embargo, he de decir que después de leer su obra, más que islamófoba, la considero clarividente.
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Categoría: Crítica literaria |
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1 de July de 2006 ·
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Autor(a): Stuart Sutherland
Título: Irracionalidad
ISBN-10: 842060819X
ISBN-13: 978-8420608198
En una frase: "Con todos mis respetos hacia Aristóteles, cabe afirmar que la conducta irracional no es la excepción, sino la norma."
El lenguaje claro y llano que utiliza Stuart Sutherland a lo largo de toda la obra la hace accesible a todos los públicos; eso sí, respetando el rigor necesario para conseguir el objetivo: demostrar el predominio de la irracionalidad. “Hasta hace poco, los filósofos, los psicólogos y los economistas daban por descontado que, en general, los hombres actúan de forma racional“. A través de innumerables experimentos psicológicos y experiencias de la vida cotidiana, Sutherland defiende su teoría de que el hombre, en esencia, es un animal irracional.
Como sería de esperar, se hacen necesarias algunas aclaraciones sobre lo que el autor entiende por irracionalidad. A este respecto, nos explica: “Es importante distinguir la irracionalidad de la ignorancia, que también existe a gran escala. En 1976, el 40 por ciento de los ciudadanos americanos creía que Israel era un país árabe“. Queda claro que Sutherland no considera irracional una acción si la persona no disponía, en el momento de realizarla, de los conocimientos necesarios para realizar una acción con más probabilidades de éxito. Pero esto no es todo, también “hay que establecer una distinción entre irracionalidad y error. Para ser irracional, la acción tiene que realizarse deliberadamente. Pero un error cometido de forma involuntaria no es irracional, aunque sea un error“.
Un ejemplo rápidamente entendible de irracionalidad es la incapacidad de posponer un juicio. Tomar una decisión de forma precipitada o llegar a una creencia antes de disponer de todos los argumentos necesarios son acciones irracionales. “Quienquiera que haya sido miembro de una comisión habrá oído decir: ‘no podemos hacerlo: sentaría un precedente’. Este comentario es totalmente irracional. La acción propuesta contra la que se dirige puede ser razonable o no serlo. En el primer caso, realizarla sentará un buen precedente; en el segundo, no se debe realizar. En consecuencia, que siente o no un precedente es irrelevante“.
El “error de disponibilidad” es uno de los errores de pensamiento más frecuentes. Aparece descrito en los primeros capítulos (que le dedican varias páginas). No en vano, a lo largo de la obra volvemos a encontrarnos en repetidas ocasiones con él. “Prestamos más atención a la mala conducta que a la normal, así que nos impresiona más que un miembro de un grupo minoritario se comporte de forma indebida. Un notable ejemplo procede de la época en que las mujeres apenas conducían. Cuando una mujer cometía un error de conducción, los hombres la miraban y decían: ¡Dios mío!, ¡Otra mujer conductora! Las mujeres que conducían bien no destacaban, por lo que nadie se fijaba en ellas“. Algunos animales irracionales aún son víctimas este prejuicio. También resulta curioso que este defecto en el pensamiento sea el mismo que tanto abunda entre racistas y xenófobos. Por otro lado, los organizadores de loterías y otros concursos dedican grandes esfuerzos a recordar a los ganadores y premios de ediciones anteriores; lo que nunca hacen es publicidad sobre esa gran mayoría que no ganó nada.
“Hay experimentos que demuestran que, cuando varias personas son testigos de un hecho que requiere su intervención, se sienten menos responsables que si están solas. En un estudio se les dijo a los sujetos, estudiantes universitarios de primer curso, que iban a hablar de las dificultades de adaptarse a la vida universitaria. Se oían unos a otros, pero no se veían. El número de sujetos presentes variaba de uno a cuatro y, además, siempre había un cómplice que fingía ser un estudiante de verdad. Durante la conversación, el cómplice reveló que era epiléptico y poco después fingió un ataque. Cuando sólo había un estudiante presente, el 85 por ciento de ellos informó al experimentador; cuando había dos o cinco sujetos, sólo el 62 y el 32 por ciento, respectivamente, le informaron. Es evidente que cada uno creía que la responsabilidad de intervenir era de otro“. Este ejemplo me parece tan esclarecedor como escalofriante. Millones de personas, sabiendo que hay miseria en el mundo, sabiendo que somos parte responsable del problema y sabiendo que podemos ser parte activa de la solución nos miramos cruzados de brazos unos a otros. “Es culpa de los gobiernos” -dicen algunos-. Tonterías.
Cada capítulo concluye con una serie de recomendaciones que pueden llevarnos a ser un poco más racionales en nuestras decisiones cotidianas. Alguien podría pensar que ésta es una tarea incómoda y que quizá no merezca la pena. Según Sutherland ésta es una práctica que, con el tiempo, acaba siendo espontánea: “Para ponerse en la situación de obrar bien sin pensar, es decir, sin considerar qué es lo racional, hay que pasar por un periodo en que se actúe deliberadamente de un modo que moldee el carácter en la línea deseada: en eso consiste realmente la racionalidad“.
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Categoría: Crítica literaria |
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