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Entradas de June 2006

Mentes flexibles.- Howard Gardner

16 de June de 2006 · 6 comentarios

Mentes flexiblesAutor(a): Howard Gardner
Título: Mentes flexibles
ISBN-10: 8449316448
ISBN-13: 978-8449316449
En una frase: ¡El autor dedica mucho más tiempo a narrar historias y a adoctrinar al lector sobre política que a estudiar cambios mentales desde un punto de vista clínico!

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:1 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:1 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:1 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:1 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:1 sobre 5.

Según Howard Gardner, un buen ejemplo de cambio mental es el que “muchas personas han experimentado con los años. Desde la más tierna infancia, la mayoría de nosotros hemos actuado bajo el siguiente supuesto: cuando afrontamos una tarea, debemos esforzarnos al máximo y dedicar más o menos el mismo tiempo a cada parte de la misma”. Esta conducta intuitiva es conocida en el gremio como “principio 50/50″.

Estoy convencido de que si a la mayoría de nosotros se nos pidiese que realizásemos una crítica a este principio (o que elaborásemos una alternativa) nos centraríamos en demostrar que lo conveniente es evaluar para cada tarea qué cantidad de esfuerzo, atención o interés debemos dedicar a cada una de sus partes. Gardner, en mi opinión, comete el primer error grave de su libro al dedicar el primer capítulo casi íntegramente a defender el “principio 80/20″. Según este principio, “podemos realizar la mayor parte de lo que queremos -quizá hasta el 80%- únicamente con una cantidad relativamente pequeña del esfuerzo previsto, quizá sólo el 20%“. No resulta difícil comprender que este principio comete exactamente el mismo error que el “principio 50/50″. Trata de establecer de antemano qué cantidad de esfuerzo debe dedicarse a cada una de las partes de una tarea. ¡Incluso antes de saber de qué tarea estamos hablando!

Este error no me pareció demasiado significativo y lo dejé pasar; después de todo, el error forma parte del primer capítulo (de diez) y aún tenía la esperanza de encontrarme con un estudio sobre el cambio mental realizado por -según Martin Seligman- uno de los principales psicólogos de nuestro tiempo.

Howard Gardner dice haber identificado siete factores (palancas) de cambio que actúan en todos los casos de cambio mental. Al estudiarlas, por segunda vez en lo que va de libro, me sentí decepcionado. Parece evidente que, en caso de tener que realizar esta clasificación, las dos primeras categorías que estableceríamos la mayoría de nosotros serían: factores que favorecen los cambios y factores de resistencia. A partir de este punto, iríamos creando subcategorías. Si, como yo, alguien piensa que este sistema aún sería muy mejorable, el sistema propuesto por Gardner le parecerá enormemente inadecuado.

Los seis primeros factores son factores que -según Gardner- favorecen el cambio mental. Razón, investigación, resonancia (factores emocionales que favorecen el cambio mental, como la afinidad con quien nos transmite una idea), redescripciones representacionales (son más convincentes las ideas que pueden ser planteadas de varias formas diferentes), recursos y recompensas, y sucesos del mundo real. El séptimo factor es un saco roto: las resistencias. Aquí van a parar todos y cada uno de los factores que puedan suponer una resistencia a cualquier cambio mental. El trabajo que se ha tomado el autor en clasificar los factores que favorecen el cambio se ve empañado al no haber sido realizado el mismo esfuerzo en clasificar los factores de resistencia. ¿Será que ha aplicado aquí el “principio 80/20″?.

Ya entrados en el tercer capítulo, Gardner ofrece por primera vez algunos datos y perspectivas interesantes. Una vez terminadas sus carreras, “los estudiantes de física son incapaces de predecir la trayectoria de una bola que sale de un tubo curvado. Los de biología siguen dando explicaciones lamarckianas de la evolución (basadas en la herencia de caracteres adquiridos). Los de historia insisten en atribuir una influencia excesiva a determinados individuos pasando por alto la influencia de grupos, poblaciones y de amplias tendencias sociales y económicas. Los de arte se guían por una estética simplista: los poemas deben rimar, las pinturas deben tener un realismo fotográfico y, en el caso de la música, cuanto más rápido se toque algo, mejor”. Bajo la consideración de que las teorías simples tienden a ser más aceptadas que las complejas se nos recuerdan algunos prejuicios muy extendidos entre los niños, como: “Si se mueve, es que está vivo. Si no se mueve, es que está muerto [...] En esencia, todas las especies, incluido el ser humano, fueron creadas en un instante y prácticamente no han cambiado desde entonces”. Estas y otras ideas son resistentes al cambio, en principio, porque sus alternativas (la evolución, por ejemplo) son menos intuitivas.

Es una pena decirlo pero en el resto sólo encontramos ejemplos y ejemplos de supuestos cambios mentales cargados de una descarada intención de adoctrinamiento. Margaret Thatcher, Bill Clinton, George Bush, Whittaker Chambers, la BP y muchos otros, son utilizados como ejemplos de cambios mentales. ¡Pero el autor dedica mucho más tiempo a narrar sus historias y a adoctrinar al lector sobre política que a estudiar sus cambios mentales desde un punto de vista clínico!

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La conquista de la felicidad.- Bertrand Russell

11 de June de 2006 · 1 comentario

La conquista de la felicidadAutor(a): Bertrand Russell
Título: La conquista de la felicidad
ISBN-10: 9875662399
ISBN-13: 978-9875662391
En una frase: "Estoy convencido de que los que, con toda sinceridad, atribuyen sus penas a su visión del universo están poniendo el carro delante de los caballos: la verdad es que son infelices por alguna razón de la que no son conscientes, y esta infelicidad les lleva a recrearse en las características menos agradables del mundo en que viven."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:4 sobre 5.

Bertrand Russell, que recibió el Nobel de Litaratura en 1950, fue uno de los matemáticos y filósofos más reconocidos del siglo XX. Su activismo pacifista le llevó a pisar la cárcel en más de una ocasión. Luchó por los derechos de las mujeres, defendió las relaciones sexuales extramatrimoniales y, con Albert Einstein, redactó un manifiesto contra el armamento nuclear que dio vida a las Conferencias de Pugwash, por citar algunas de sus líneas de trabajo.

Pese a ser un libro que, en ocasiones, parece un manual de autoayuda y al que -para mi gusto- sobran algunos tópicos, investiga con bastante acierto sobre lo que nos hace felices e infelices. Es necesario reconocer que Bertrand Russell escribió la obra nada menos que en 1930, momento en que el texto era más que progresista. De hecho, todavía hoy puede ser considerado un texto plenamente vigente. Yo mismo podría pronunciar hoy una de las afirmaciones clave que introducen la segunda parte del libro, las causas de la felicidad: “Las conversaciones y los libros de algunos de mis amigos casi me han hecho llegar a la conclusión de que la felicidad en el mundo moderno es ya imposible. Sin embargo, he comprobado que esa opinión tiende a desintegrarse ante la introspección, los viajes al extranjero y las conversaciones con mi jardinero”. También nos recuerda que la felicidad puede cada uno encontrarla en un sitio diferente: “cuando yo era niño, conocí a un hombre que reventaba de felicidad y cuyo trabajo consistía en cavar pozos”.

Sobre las causas de la infelicidad, nos dice: “Hay personas que son incapaces de sobrellevar con paciencia los pequeños contratiempos que constituyen, si se lo permitimos, una parte muy grande de la vida. Se enfurecen cuando pierden un tren, sufren ataques de rabia si la comida está mal cocinada, se hunden en la desesperación si la chimenea no tira bien y claman venganza contra todo el sistema industrial cuando la ropa tarda en llegar de la lavandería. Con la energía que estas personas gastan en problemas triviales, si se empleara bien, se podrían hacer y deshacer imperios”.

Russell recomienda ser cautos al plantearnos metas pues, a pesar de que éstas pueden constituir una causa importante de felicidad, también es cierto que “el hábito de mirar el futuro y pensar que todo el sentido del presente está en lo que vendrá después, es un hábito pernicioso”.

Son muchos los filósofos que, sumidos en una gran depresión, defienden que su infelicidad se debe a una visión insoportablemente dolorosa del universo. Por citar algunos… Schopenhauer, Kierkegaard, Cioran y el más cercano Sartre. A ellos, Russell dirige las siguientes palabras: “estoy convencido de que los que, con toda sinceridad, atribuyen sus penas a su visión del universo están poniendo el carro delante de los caballos: la verdad es que son infelices por alguna razón de la que no son conscientes, y esta infelicidad les lleva a recrearse en las características menos agradables del mundo en que viven”. Este argumento me recuerda una teoría de Antonio Damasio que defiende que las emociones preceden a los sentimientos, siendo éstos los responsables de los pensamientos que acompañan a la emoción y no al revés. Sin embargo, pese a lo expuesto, dudo que la relación existente entre la depresión del individuo y su visón del mundo sea una relación simple y monodireccional. Más bien, concibo esta relación como un complejo y largo proceso donde deprimirse y desarrollar una visión pesimista del mundo son, en realidad, lo mismo.

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En busca de Spinoza.- Antonio Damasio

4 de June de 2006 · 4 comentarios

En busca de SpinozaAutor(a): Antonio Damasio
Título: En busca de Spinoza
ISBN-10: 8484326764
ISBN-13: 978-8484326762
En una frase: "La concepción del problema mente-cuerpo que resulta de estas reflexiones ignorantes separa la mente en un sitio y el cuerpo y su cerebro en otro. Esta concepción, el ‘dualismo de sustancia’, ya no es general en la ciencia o la filosofía, aunque probablemente sea la idea que la mayoría de los seres humanos consideraría en la actualidad como propia."

Mi veredicto:(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.(Esto no es democrático.) Puntuación:5 sobre 5.

Antonio Damasio es neurólogo y ejerce como profesor de psicología, neurociencia y neurología en la Universidad de Southern California, donde también es director del Instituto para el estudio neurológico de la emoción y de la creatividad. “Damasio tiene como campo prioritario de interés la neurología de la mente, especialmente en lo que se refiere a los sistemas neuronales que subyacen a la memoria, el lenguaje, las emociones y el procesamiento de decisiones”Wikipedia.

Lo esclavos que somos de nuestra biología es un tema de debate especialmente sensible. Son muchos quienes prefieren pensar que todo lo mental se explica en términos espirituales. A esto, Damasio responde: “La concepción del problema mente-cuerpo que resulta de estas reflexiones ignorantes separa la mente en un sitio y el cuerpo y su cerebro en otro. Esta concepción, el ‘dualismo de sustancia’, ya no es general en la ciencia o la filosofía, aunque probablemente sea la idea que la mayoría de los seres humanos consideraría en la actualidad como propia”.

Un ejemplo curioso de las investigaciones que interesan al neurólogo, es la de su colega Yves Agid. Damasio nos cuenta que su colega trató a una paciente de unos sesenta y cinco años de edad con un largo historial de síntomas parkinsonianos que ya no respondían a la levodopa. La paciente no tenía antecedentes -ni personales ni familiares- de depresión ni de trastornos psiquiátricos, ni siquiera el tratamiento con levodopa le había provocado cambios de humor.

El tratamiento al que se sometió a la paciente consiste en la implantación de electrodos en el bulbo raquídeo. A través de ellos se hace pasar una corriente eléctrica de baja intensidad y elevada frecuencia que puede cambiar la manera en que operan algunos de los núcleos motores. Volviendo al caso de la paciente de sesenta y cinco años, “el procedimiento transcurrió inicialmente de la misma manera que había tenido lugar para otros diecinueve pacientes tratados por el mismo grupo. Los médicos encontraron un contacto del electrodo que aliviaba muchísimo los síntomas de la mujer. Pero ocurrió lo inesperado cuando la corriente eléctrica pasó a través de uno de los cuatro lugares de contacto del lado izquierdo de la paciente, en particular, dos milímetros por debajo del contacto que mejoraba su estado”.

Según nos comenta Damasio, la paciente sufrió un cambio anímico repentino. Detuvo la conversación que mantenía, bajó los ojos y su expresión emocional se transformó en una de tristeza. Pasados unos pocos segundos empezó a llorar. “A medida que esta exhibición continuaba, empezó a explicar lo terriblemente que se sentía [...]: ‘Me estoy desmoronando, ya no quiero vivir, ni ver nada, ni oír nada, ni sentir nada… Estoy harta de la vida, ya he tenido bastante… No quiero vivir más, estoy asqueada de la vida.’ [...] El médico a cargo del tratamiento se dio cuenta de que este suceso insólito se debía a la corriente, e interrumpió el procedimiento. Unos noventa segundos después de cortar la corriente, el comportamiento de la paciente volvió a ser normal”.

En busca de Spinoza es una obra a caballo entre ciencia y filosofía. Damasio dedica varios capítulos a resucitar la obra, en su momento prohibida, del filósofo holandés. “En lo que se refiere a Descartes, éste había considerado la existencia de tres sustancias: entendimiento, mundo y Dios. Spinoza reduce estas tres sustancias a una sola” – Wikipedia.

Debido a la prohibición de su obra, muchos fueron los que no reconocieron la influencia que éste había tenido hacia su filosofía, o si lo hicieron, fue de forma ambigua… Si Descartes es famoso por su “pienso, luego existo”, Voltaire escribió: “Y entonces, un pequeño judío [Spinoza], de larga nariz y pálida tez, pobre, pero satisfecho, pensativo y reservado, espíritu sutil y huero, menos leído que celebrado, escondido bajo la capa de Descartes, su maestro, caminando con pasos mesurados, se acerga al gran ser: perdonadme, dice, hablándole muy bajito, pero, entre nosotros, pienso que no existís”.

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